
Un pueblo más en la historia de España que ha sido maltratado y donde la labor de la iglesia ha sido fundamental en este maltrato.
Nueva Tribuna
22 de agosto de 2025, 19:14
Los vaqueiros son un grupo étnico situado en Asturias del que no se conoce con exactitud su origen. Un pueblo que ha sido maltratado desde la iglesia. Su principal actividad es la ganadera y siguen un modelo tradicional de trashumancia estacional. Para ser considerado vaqueiro había que haber nacido en la braña y practicar la trashumancia.
Eran católicos y eran gentes con muy poca práctica religiosa propiciada por su modo de vida y por su aislamiento. Los eclesiásticos siempre comprensivos y tolerantes desde la inquisición, con los herejes, la caza de brujas, la simonía, etc., no permitían que se acercasen al altar de las iglesias. Entraban por otra puerta y les daban la comunión fuera del templo. Realizaban numerosas prácticas arcaicas y tenían costumbres supersticiosas.
Su cultura es diferente a la asturiana. Usan sombrero y no montera, pandeiros, castañuelas y payecha y no tienen gaita, pese a que es un instrumento ancestral. Tampoco cantan tonada, sino vaqueiradas
Los vaqueiros estaban marginados, pero no existía ninguna ley escrita. La Iglesia, los nobles y los propios aldeanos les discriminaban por diferentes razones. Los nobles difundieron que los orígenes de los vaqueiros eran moriscos o judíos y estaban mal vistos, pues se los consideraba una raza enemiga de la fe católica. Los aldeanos les criticaban porque estaban en un escalafón social más bajo.
En el origen de los vaqueiros de alzada, no hay documentación previa al siglo XV, era una cultura ancestral cuyo origen podría estar en el Neolítico.
La cultura vaqueira, ese modo de vida arcaico, trashumante, se mantiene, pero ahora el traslado de animales se hace en camiones y no sufren aquella marginación que se mantuvo casi hasta los años cuarenta.

Braña en los valles de Somiedo
Su cultura es diferente a la asturiana. Usan sombrero y no montera, pandeiros, castañuelas y payecha y no tienen gaita, pese a que es un instrumento ancestral. Tampoco cantan tonada, sino vaqueiradas.
Jovellanos en el siglo XVIII los describe de la siguiente manera: “Vaqueiros de alzada llaman aquí a los moradores de ciertos pueblos fundados sobre las montañas bajas y marítimas de este Principado, en los concejos que están a su ocaso, cerca del confín de Galicia. Llámense vaqueiros porque viven comúnmente de la cría de ganado vacuno; y de alzada porque su asiento no es fijo, sino que alzan su morada y residencia, y emigran anualmente con sus familias y ganados a las montañas altas”.
Estos pueblos representan a cada paso la imagen de aquellas primitivas sociedades que no eran más que una gran familia, unidos por vínculos tan estrechos, que hacían comunes los intereses y los riesgos, los bienes y los males”.
Los vaqueiros, colectivo que alza la bandera de la libertad, con una total convivencia con la naturaleza en la que están asentados, lo que sin duda les granjeó conflictos y discriminaciones, debido a dos causas: La falta de pago del diezmo vigente en momentos históricos y el carácter trashumante.
Los vaqueiros suben con el ganado hasta las montañas del interior en el mes de mayo en busca de prados frescos para dar de comer a su ganado, para regresar de cara al invierno a las brañas más próximas a la costa, donde estas comunidades vaqueiras desarrollan sus actividades.
La palabra braña parece ser que proviene del latín “brannam” que significa lugar alto o empinado. Otro posible origen puede ser de la palabra asturiana “brana” que significa verano, por lo que la braña podría ser considerada como “lugar de verano”. También puede tener su origen en la palabra latina “verania”, lo que podemos entenderla como “lugar de verano”.

Braña
Hay historiadores que piensan que su origen era judío, así el término braña hace referencia a la palabra hebrea BRANNA que significa “pasto de verano”. En bable, lenguaje asturiano, la palabra “brana” significa “estación veraniega”.
La primera referencia documentada sobre las brañas aparece en el año 780, cuando Adelgaster hace una donación de varias brañas al monasterio de Santa María de Obona. Fue en el siglo XV cuando aparece por primera vez la palabra vaqueiro de forma documentada.
En el siglo XVII, Diego das Mariñas, señor de Campona, hizo una petición al rey para que se castrase a todos los vaqueiros a fin de que no se extendiese la raza. Esta petición fue apoyada por algunos nobles asturianos.
En el siglo XVIII, el Marqués de Miranda presenta un escrito de reclamación contra los vaqueiros a los que define como “descendientes de Moros”.
Fue en los inicios del siglo XX cuando diversos historiadores y antropólogos echan abajo la teoría de que los vaqueiros eran moros y dan cuenta de que eran iguales que el resto de los asturianos.
Esta estructura social fue abolida por las Cortes de Cádiz en el año 1812. Jovellanos describe a los vaqueiros por tener «un cierto aire esquivo y ladino en sus tratos, cierto tono arisco en sus conversaciones, cierta rudeza agreste, efecto de su vida montañesa y solitaria, lo que origina un aumento del desprecio de los aldeanos, pues valoran a los vaqueiros como gente de menor valor y poco dignas de su compañía».
La cultura vaqueira se basa en unas costumbres muy arraigadas, bailes y vestimentas con un rico folklore que se conserva en las brañas y no han asimilado otras culturas, son un mundo aparte y cerrado. Esto ha provocado un sentimiento de comunidad que se ve favorecido por la discriminación sufrida por parte de la iglesia católica y de la población xalda.
Estas brañas, lejos de mantener cualquier tipo de comunicación o estructura común se comportan de forma independiente frente a las otras. Cada braña se reduce a su término, viviendo separados del resto sin que entre ellos exista relación, ni trato, ni comunicación alguna. Los vaqueiros nunca se congregan, jamás se unen y no conocen la acción ni el interés común, y de esta forma es imposible que puedan vencer a los aldeanos que conspiran juntos para envilecerlos.
A lo largo de los siglos XVIII y XIX hay multitud de pleitos presentados por vaqueiros, quejándose de la discriminación de la iglesia, el impedimento de llevar pendones en las procesiones, o de la situación que sufrían en las ceremonias fúnebres y su ubicación en los cementerios.
En su vida no hay nobles, ni iglesia, ni calendarios. Siempre decide donde, cómo y cuándo trabaja, cosa imposible en el aldeano sedentario. Los choques de poder entre ellos eran frecuentes. Los xaldos mostraban el menosprecio hacia los vaqueiros cada vez que tenían ocasión, los consideraban como una mezcla de gallegos, por lo de recelosos, desconfiados e ignorantes, y catalanes, por lo de interesados y separatistas.
Otra actividad que desarrollaban los vaqueiros, es la actividad arriera, formaban recuas y se dedican al transporte de un lugar a otro.
Las viviendas de los vaqueiros, «tienen el techo de paja, generalmente de centeno, tiene forma cónica y se apoya en un muro de piedra sin argamasa. Sus ventanas son pequeñas y son casas con estructuras muy sobrias y dan sensación de pesadez. Cada casa tiene su propio espacio y su emplazamiento en la aldea depende únicamente de la riqueza del terreno. Habitualmente, las casas vaqueiras suelen estar disgregadas y separadas, contrastando con las aldeas de los xaldos o marmuetos, donde las casas se encuentran concentradas. La parte más importante de una casa vaqueira siempre es la cuadra».
Cuando se construye una nueva casa, su forma y tamaño depende del espacio que necesite el ganado para vivir. Las brañas nos recuerdan a las construcciones antiguas de los pueblos astures, pésicas y luggones celtizados, que los romanos intentaron destruir.
Los vaqueiros gozaban de algunos privilegios como el estar exentos a los llamamientos de levas, llamamiento para servir en el ejército, además estaban exentos de algunos impuestos y de realizar trabajos comunales.
Una de las consecuencias de este aislamiento social que sufrían los vaqueiros es que recurrían a la endogamia grupal, sólo se producían matrimonios entre los vaqueiros. Habrá que esperar hasta bien entrado el siglo XX, para que se produzcan matrimonios entre vaqueiros y el resto de la sociedad asturiana.
Esta endogamia era una forma de defensa grupal, qué si bien estrechaba el vínculo entre ellos, contribuía a su vez a aumentar su propia marginación. Cada pequeño clan se mantenía solitario y altivo, esquivando y despreciando a su vecino: se protegen contra la humanidad como protegen a sus rebaños del lobo, nunca se casan fuera de su propia tribu.
Hay leyendas como el “nuberu” que era encargado de dirigir a la lluvia, las tormentas, la nieve etc. Las “xanas” que eran ninfas de las fuentes y los ríos, se encuentran en las brañas del interior. Existen supersticiones como la de la Noche de San Juan, que se hacía una hoguera de helecho, hinojo, laurel, sándalo y excrementos de cerdo para ahumar al ganado y a los niños con la finalidad de prevenir males.
Durante siglos «la hostilidad existente que tenían los aldeanos hacia los vaqueiros queda reflejado en el hecho, de que cuando pedían bebida en las tabernas, nunca se les servía en vasos de cristal sino en vasos hechos de cuernos, como señal de desprecio, pues el cristal estaba exclusivamente para los aldeanos».
Durante los bailes de la romería los vaqueiros tenían que bailar aparte y las canciones y dichos ofensivos sobre los vaqueiros eran usuales.
La Iglesia también contribuyó a su marginación. «A los vaqueiros les estaba prohibido llevar cruces, pendones o imágenes en las procesiones. Estaban relegados a la parte posterior de las iglesias y todavía hay alguna iglesia en la que se puede ver las marcas donde los vaqueiros no podían pasar a oír la misa ni mezclarse con los demás feligreses. En algunas parroquias se colocó una baranda de madera o una viga de madera en el suelo, dividiendo la iglesia, de esta forma la parte delantera la más cercana al altar era para los aldeanos y la parte de atrás para los vaqueiros».
En la iglesia de San Martín de Luiña se conserva la viga que separaba ambas partes de la comunidad. En ella se puede leer “no pasan de aquí a oír misa los vaqueiros”.
En el año 1844 se emitió una orden por la cual debían quitarse todas las marcas que impidiesen a los vaqueiros mezclarse con el resto de la población. “Esta necesidad va estrechando más y más entre sí el amor recíproco de los vaqueiros de cada braña, y alejándolos más y más cada día de los aldeanos. Por eso la misma separación, hecha en la Iglesia, se observa en toda clase de concurrencias, donde los vaqueiros hacen rancho aparte.
Cuando moría un vaqueiro se le enterraba en lugar aparte. Jovellanos denunció en el año 1792 un pleito que perdieron los vaqueiros por negarse algunas sacerdotes a darles la Sagrada Comunión si no era a la puerta de la iglesia, prohibiéndoles además entrar en ella a los divinos oficios.
Fue a lo largo del siglo XIX cuando los vaqueiros fueron conquistando libertades y avances significativos en la igualdad de derechos. Un pueblo más en la historia de España que ha sido maltratado y donde la labor de la iglesia ha sido fundamental en este maltrato.
Los vaqueiros constituyen una etnia, qué al ser totalmente endogámicos desde hace más de mil años, era muy peculiar y que sobrevive en Asturias.
Hay quienes opinan que su origen es vikingo. Otros, en cambio, los atribuyen antepasados celtas. En realidad, ni ellos mismos lo saben.

Camino Real en el Valle de Saliencia
Vivían de la leche y el queso procedente de sus cabañas, del trigo y las patatas que cultivaban y, muy de vez en cuando, mataban un animal para suplementar su dieta.
Acosados y rechazados secularmente por los lugareños, formaron una pequeña sociedad autónoma que les ha permitido llegar hasta nuestros días con su leyenda a cuestas. En su entorno, muchos les despreciaban como ocurría con los gitanos.
Los vaqueiros siempre han vivido en función de las necesidades de su ganado y al margen de quienes les rodeaban. Son trashumantes y endogámicos.
Basta con escuchar alguna vaqueira en alguna braña, para comprender que aún quedan muchos resentimientos.
Los vaqueiros no sólo viven en Asturias, también hay algunos en el norte de León y en el oriente de Galicia, y muchos emigraron a América.

Braña
Es posible desplazarse de braña en braña por el Parque Natural de Somiedo, Reserva de la Biosfera, pues hay un entramado de caminos que las unen, paseos por una naturaleza exuberante en estado puro, con un valor paisajístico, antropológico y social.
Asturias es un Paraíso, donde el paisaje es el rey, que, tras este, se oculta un paisanaje que hay que descubrir y del que los vaqueiros de alzada son una muestra extraordinaria.
Un paraíso de naturaleza privilegiada. Una fauna, encabezada por osos pardos, rebecos o urogallos, forma parte viva de los encantos del lugar, como lo hacen los vaqueiros de alzada, con sus tradiciones seculares, que se han perpetuado sorprendentemente hasta nuestros días.
El éxito de la supervivencia del oso en España se debe en gran medida a gente que ha adoptado una admirable actitud de respeto y protección hacia un animal hermoso que enriquece los bosques.
Paisanaje, eclesiásticos y paisaje hacen de estas tierras, un paraíso perdido en el tiempo.


