Como sonaba la música prehistórica en las cavernas europeas

Música de las cavernas

Los hombres del paleolítico disfrutaban con la música que eran capaces de crear con instrumentos más o menos rudimentarios. Una evidencia apareció en el año 2009, cuando los arqueólogos descubrieron en una cueva al sudoeste de Alemania, los restos de tres flautas en buen estado de conservación, realizadas en hueso de buitre y provistas de cinco orificios. Lo más interesante del hallazgo estaba en la antigüedad de las piezas, datadas hacia el 42.000 antes de nuestra era, en el Paleolítico Medio, demostrando que la inquietud musical de nuestros lejanos antepasados era realmente antigua.

Flauta prehistórica realizada en hueso

La utilización de sonidos con fines lúdicos o religiosos no se limitaba al uso de pequeños instrumentos, pues los hombres del paleolítico aprovechaban también las propiedades acústicas de ciertos elementos geológicos.

Es el caso del litófono o piedra sonora, descubierto en una cueva en Fieux à Miers, en la región francesa de Midi-Pyrénées. Una roca de unos dos metros de altura, produce un singular sonido, similar a un gong oriental, cuando es golpeado con un objeto sólido. Característica que, fue aprovechada por el hombre prehistórico durante algún tipo de rito o celebración.

Algo similar ocurre en el estado indio de Karnataka, en un enclave conocido como Kupgall Hill, donde se descubrió que un peñasco de diorita produce curiosos sonidos similares a los de un gong, al ser golpeado con piedras de granito. Este «instrumento» prehistórico pudo haber sido empleado durante rituales de tipo chamánico. Aunque las marcas descubiertas en esta roca sonora no pueden ser datadas, los objetos descubiertos en el entorno han permitido aventurar que el enclave fue utilizado durante miles de años, llegando hasta el neolítico.

Las pinturas más representativas están ubicadas en lugares concretos de las cuevas que poseen importantes propiedades acústicas. Los hombres y mujeres del paleolítico posiblemente escogieron con cuidado el lugar en el que realizaban sus pinturas rupestres, según los lugares de las cuevas que tenían una mejor acústica, quizá en un intento por dotar a aquellas imágenes de un efecto doble, visual y sonoro.

Las pinturas más representativas están ubicadas en lugares concretos de las cuevas que poseen importantes propiedades acústicas, capaces de amplificar o transformar el sonido de las voces humanas o de instrumentos musicales.

En al menos diez cuevas rupestres en Francia, las pinturas reproducían este esquema. «En la cueva de Niaux en Ariège, la mayoría de las pinturas más destacadas están situadas en el resonante «Salón Negro», que posee una acústica similar a una capilla románica».

Estas cuevas sirvieron como espacios de poder natural, siendo auténticos escenarios destinados a la celebración de rituales mágicos y religiosos, enfatizados por la utilización de música y sonidos.

Salon Noir. Cueva de Niaux

En la década de los años 90 del siglo pasado, se investigaron media docena de enclaves arqueológicos datados entre el neolítico y el 400 a.C., descubriendo que todos ellos contaban con efectos acústicos similares. En estos lugares se producían efectos sonoros en frecuencias que se encontraban entre los 95 y los 120 hertzios, un rango similar al de una voz humana masculina. Se cree que esta característica no es fruto del azar, sino que fue algo premeditado por parte de nuestros antepasados, y son similares con otros realizados en enclaves arqueológicos más recientes, como construcciones mayas o pre-incas donde se producen efectos similares.

En 1995 se encontró en el yacimiento en cueva de Divje Babe, en Eslovenia, una flauta con una antigüedad de unos 45.000 años, aunque recientemente se ha propuesto una datación de 43.100 años. Está realizada en un fémur de oso de las cavernas. Por el contexto en el que fue localizado, este instrumento ha sido asociado a Homo nenderthalensis. Su hallazgo e interpretación está cargado de polémica porque hay muchos investigadores que solo atribuyen capacidades simbólicas y artísticas al Homo sapiens.

En el 2008, los arqueólogos descubrieron una flauta de hueso en la cueva Hohle Fels, cerca de Ulm, Alemania, que tiene una boquilla en forma de V y cinco agujeros. Está realizada con un hueso de ala de buitre. En la misma zona se han hallado varios instrumentos más, con una datación de 35.000 años. La flauta de Hohle Fels fue encontrado al lado de las Venus de Hohle Fels.

La Venus de Laussel sujeta un cuerno en una de sus manos. Este tipo de representaciones artísticas muestran la evidencia del uso de instrumentos musicales y su importancia dentro de la vida cotidiana de estas poblaciones.

Hay un debate en la comunidad científica sobre la aparición y uso, de los instrumentos musicales, y de la música en sí. Muchos asocian cualquier representación artística, incluyendo la música, como una capacidad exclusiva del Homo sapiens. Se basan en la creencia en la existencia de una cultura musical bien arraigada en esta especie, que les cohesionaba como grupo, y que fue un factor clave en la colonización del continente europeo en detrimento de los neandertales. Lo que parece pretencioso es señalar que solo Homo sapiens tiene está capacitado para generar música. A la luz de los descubrimientos sobre el modo de vida neandertal no parece descabellado pensar que este grupo humano fabricaba instrumentos con la única función de producir sonidos y que tenían un sentido artístico

Las evidencias parecen indicar la existencia de ciertos «instrumentos musicales» ya en la Prehistoria. Los ritmos que en canciones y bailes que poseen prácticamente todos los pueblos que hasta nuestros días han conservado un modo de vida muy parecido al de nuestros antepasados. Tambores, flautas, maracas, cánticos, etc., utilizados con fines festivos o religiosos también formaban parte de la vida cotidiana en nuestros orígenes.

Los raspadores consisten en pequeños fragmentos de huesos con muescas paralelas, que al frotarlas con otro utensilio como una madera o púa producen sonidos. Se halló un raspador de entre 50.000 y 40.000 años originario de Schulen en norte de Bélgica. Los raspadores son objetos cuya distribución es prácticamente mundial.

Se han encontrado objetos muy antiguos, del paleolítico medio, con agujeros que recuerdan a flautas. Se duda de la capacidad simbólica de los neandertales, pero algunos de los restos dejados por ellos hacen cuestionar hasta qué punto podían crear música. Las falanges de animales perforadas por ellos pueden haber sido realizados para extraer la médula, pero también para usarlos como silbatos. Si fuese cierto puede que se utilizaran para producir sonidos con algún fin práctico, como señuelos en la caza, señales de aviso o imitación de algún animal.

En el Paleolítico Superior, la evidencia de raspadores es clara, como el de la cueva de Pekárna en Moravia y en el Neolítico ya es incuestionable, tanto en Oriente Próximo como en Europa. Flautas y silbatos de 3 a 7 agujeros se han encontrado desde Francia a Rusia con una antigüedad de entre 20.000 y 15.000 años, realizadas en huesos de pájaros, oso o reno. Algunos de estos silbatos están decorados con dibujos grabados.

Pero la colección más espectacular de instrumentos musicales del Paleolítico Superior es la del yacimiento de Mezin, en las viviendas de huesos de mamut, aún en la era glacial. Son instrumentos de percusión realizados con huesos de mamut decorados con ocre, también existe una castañuela y dos maracas de marfil.

 Por otro lado, están las propiedades acústicas de las cuevas, que seguro pudieron potenciarse en las ceremonias. Algunas estalactitas vibran y emiten sonidos al ser golpeadas por otros objetos.

El uso de las caracolas marinas, encontradas en varios yacimientos y el soplar por ellas siempre ha tenido una función ceremonial en muchos lugares del mundo, incluso su uso con este fin nos ha llegado hasta hoy. Los silbatos de cerámica con un solo agujero, parecido a las ocarinas, y maracas de arcilla, así como tambores se encuentran en un número mayor a partir del Neolítico.

El tema de la música en la Prehistoria es un campo muy teórico, y tiene en la Etnología musical o Musicología comparada, la comparación de la música de pueblos primitivos actuales con los que pudieron realizar las culturas prehistóricas, una de sus principales fuentes de estudio, junto con análisis cognitivos y de comportamiento, estudios anatómicos y del registro arqueológico.
Los orígenes de la música se desconocen, pero es lógico pensar que la música se descubrió en un momento similar a la aparición del lenguaje.

El cambio de altura musical en el lenguaje produce un canto, de manera que es probable que en los orígenes apareciera de esta manera. Además, la distinta emotividad a la hora de expresarse, o una expresión rítmica constituye otra forma de elementos musicales, como son la interpretación o el ritmo.

Al provenir la música de entidades superiores, habría que comunicarse con estas entidades también mediante esta música. Muchos pueblos primitivos actuales utilizan la música para defenderse de los espíritus, para alejar a la enfermedad, para conseguir lluvia, o para cualquier otro aspecto de la vida religiosa y espiritual.

De esta manera, la magia que concebían que tenía la música hizo que solamente pudieran exteriorizarla chamanes, sacerdotes, u otros líderes espirituales.

Al golpear dos piedras, o al cortar un árbol, se producía un sonido rítmico, y que el mantenimiento de algo rítmico ayudaba a la realización de esa actividad. Pudo haber un primer grito o palabra que servía como ánimo, apoyo, y para elaborar más eficazmente una determinada actividad. Irían evolucionando a pequeñas frases, versos, hasta terminar ligándolos en una canción.
La relación entre amor y música es conocida, en todos los periodos históricos. La antropología ha demostrado la relación entre la especie humana y la música y mientras que algunas interpretaciones tradicionales vinculaban su surgimiento a actividades intelectuales vinculadas al concepto de lo sobrenatural, haciéndola cumplir una función de finalidad supersticiosa, mágica o religiosa, actualmente se la relaciona con los rituales de apareamiento y con el trabajo colectivo.
No queda ningún registro sonoro ni escrito de la misma, pero sí han ido apareciendo pequeños instrumentos, o la evidencia de cierta tecnología gracias al arte mueble y al arte parietal, que permite pensar que pudieran haber realizado instrumentos.

A medida que avanzamos en el tiempo, encontramos elementos cada vez más complejos y que muestran la presencia de instrumentos en las sociedades prehistóricas. Los instrumentos musicales se pueden dividir en varios grupos: los aerófonos, los idiófonos, los membranófonos y los cordófonos. En el Paleolítico superior y raramente en el Paleolítico Medio es donde encontramos evidencias o indicios de la existencia tanto de primitivos instrumentos musicales como de representaciones artísticas de los mismos.
En la actualidad, hay discusiones abiertas sobre si ciertos instrumentos estaban hechos para producir sonido, y por otro lado si en realidad tienen un origen antrópico o son por el contrario es el resultado de depredadores y la erosión. La flauta más antigua aceptada como tal por toda la comunidad científica, son un par de flautas realizadas con cúbito de cisne, encontradas en Geissenklösterle, en Alemania. Están datadas en el 36.000 B.P. , encontradas en un contexto Auriñaciense. Una de las flautas tiene 3 agujeros, y al menos dos de ellos tienen marcas de haber sido realizados con una herramienta. La longitud original fue de unos 17 centímetros, aunque solo se conservan 12. También en Isturitz, en Francia, en un contexto Magdaleniense, se encontraron toda una serie de huesos, con agujeros, y que tras muchas investigaciones se ha concluido que servían para emitir sonidos. La evidencia de instrumentos de percusión s dificil, ya que las pieles o madera son materiales perecederos que no resisten demasiado bien el paso del tiempo, han llegado hasta nosotros evidencias de este tipo de instrumentos.

En el yacimiento de Mezin, en Ucrania, se encontró una serie de seis huesos de mamut, datados en hace 20.000 años, que habían sido golpeados, y hallados en un contexto en donde había diversas piezas de marfil decoradas con ocre, mazos y otros elementos similares. Mientras que algunos arqueólogos no dudan sobre la utilización de estos elementos como instrumentos de percusión, otros, más recientemente, no dudan de la facturación antrópica de los mismos, pero alegan que pudieron ser usados para otras actividades, no necesariamente música. Tenemos muchos ejemplos en la pintura rupestre del periodo Neolítico de la existencia de arcos. Aunque la mayoría se encuentran en contextos de caza, la realidad es que si conocían la manera de construir un arco también sabían que una cuerda tensada a distintas longitudes produce sonidos distintos.

La música es un campo muy teórico, y tiene en la musicología comparada, de pueblos primitivos actuales y la que pudieron realizar en las culturas prehistóricas, una de sus principales fuentes de estudio, junto con los análisis cognitivos y de comportamiento, estudios anatómicos y del registro arqueológico. Estos campos crecen en la actualidad a ritmo vertiginoso. Los conocimientos se duplican y triplican año a año.

Los orígenes de la música se desconocen, ya que al principio no se utilizaban instrumentos musicales para interpretarla, sino sonidos corporales, verbales y no verbales, muy posiblemente al principio no convencionales, gritos, gruñidos, susurros, etc., y después, poco a poco, más convencionales y percusiones corporales, que no dejan huella en el registro arqueológico.
Es lógico pensar que la música se descubrió en un momento paralelo o similar a la aparición del lenguaje. La distinta emotividad a la hora de expresarse, o una expresión rítmica, constituye otra forma de elementos musicales, como la interpretación o el ritmo, pues la música nació al prolongar y elevar los sonidos del lenguaje.

Según los mitos de los pueblos, la música es de origen divino. En casi todas las culturas se considera a la música como un regalo de los dioses. En la época primitiva, la música pertenece al ámbito del culto, su sonido es el conjuro de lo invisible, por parte del mundo circundante y del género humano. Al provenir la música, en general, de entidades superiores, habría que comunicarse con estas entidades también mediante música. Muchos pueblos primitivos actuales utilizan la música para defenderse de los espíritus, para alejar a la enfermedad, para propiciar la lluvia, o para cualquier otro aspecto de la vida religiosa y espiritual. Puesto que la música era una cosa mágica, solamente pudieran exteriorizarla los chamanes, sacerdotes, u otros líderes espirituales.

En la propia naturaleza o en las actividades cotidianas se podía encontrar música. El aire al pasar por las delgadas ramas de los árboles o al hacer sonar alguna caña, el rítmico batir de las olas en la playa o en el acantilado, el canto de las aves, el propio ser humano al golpear dos piedras para hacer fuego, o al cortar un árbol, producía sonidos rítmicos, y que el mantenimiento de algo rítmico ayudaba a la realización de cualquier actividad, facilitándola, es algo conocido desde la antigüedad más remota.

Pudo haber un primer grito o palabra que servía como ánimo o apoyo, y para elaborar más eficazmente una determinada actividad. Éstas irían evolucionando a pequeñas frases, y de aquí a versos, hasta terminar ligándolos en una canción.

La antropología ha demostrado la íntima relación entre la especie humana y la música, y mientras que algunas interpretaciones tradicionales vinculaban su surgimiento a actividades intelectuales vinculadas al concepto de lo sobrenatural, haciéndola cumplir una función de finalidad supersticiosa, mágica o religiosa, actualmente se la relaciona con los rituales de apareamiento y con el trabajo colectivo.

Han ido apareciendo pequeños instrumentos, o la evidencia de cierta tecnología gracias al arte mueble y al arte parietal que permite pensar el que pudieran haber realizado instrumentos o que tuvieran el desarrollo suficiente para crear música. A medida que vamos avanzando en el tiempo, vamos encontrando elementos cada vez más complejos y que no establecen duda alguna de la presencia de instrumentos en las sociedades prehistóricas y protohistóricas.

Algunos de estos instrumentos parecen haber existido en todos los tiempos, inclusive prehistóricos, porque su invención es sumamente obvia. Aquí estaría lo que se ha dado en llamarse por los expertos el patrimonio primigenio.

En el paleolítico superior 10.000 a. C. y más raramente en el paleolítico medio 35000 a. C., es donde encontramos evidencias o indicios de la existencia tanto de primitivos instrumentos musicales como de representaciones artísticas de los mismos. Hay discusiones abiertas sobre si ciertos instrumentos estaban hechos para producir sonido, y por otro lado si en realidad tienen un origen antrópico o son por el contrario el resultado de depredadores y la erosión.

Bramadera hallada en La Roche Landine, Francia


Se han encontrado bastantes trozos de huesos con incisiones en contextos del magdaleniense o solutrense, que no ofrecen duda de su origen antrópico, con decoraciones incisas o policromados. Es posible que no se utilizaran como bramaderas, podían ser desde pesas para redes hasta cualquier otro elemento de adorno, pero se ha experimentado con algunos de los mejores conservados, los de la cueva de La Roche, en la Dordoña, Francia, y se ha demostrado que usándolos como instrumentos pueden alcanzar frecuencias de hasta 170 Hz.

Se han encontrado flautas de falange, realizadas con este hueso de animales grandes, la mayoría de reno. Algunas de ellas no tienen agujeros, son simplemente la caña del hueso hueca, pero en otros casos sí que tienen agujeros colocados de tal manera que no han podido ser realizados por mordeduras de depredadores.
Del último periodo glacial  80000 a. C., o antes, provienen las primeras flautas de orificio hendido, también de hueso de reno, mientras que se ha demostrado la existencia de flautas tubulares de hueso con 3, y luego también 5 orificios de digitación, como instrumentos puramente melódicos, en el auriñaciense.

Las flautas más antiguas aceptadas por la comunidad científica, fueron realizada con cúbitos de cisne, encontradas en Geissenklösterle, Alemania. Datadas en el 34.000 a. C., y fueron encontradas en un contexto auriñaciense. Una, tiene 3 agujeros, y al menos dos de ellos tienen marcas de haber sido realizados con una herramienta. La longitud original fue de unos 17 centímetros, aunque solo se conservan 12. También en Isturitz, Francia, en un contexto magdaleniense, se encontraron toda una serie de huesos, con agujeros, y que tras muchas investigaciones se ha concluido que fueron trabajadas y que servían para emitir sonidos.

Flauta hallada en Geissenklösterle, Alemania


Es muy complicado demostrar la evidencia de instrumentos de percusión, ya que las pieles o madera son materiales perecederos, pero han llegado hasta nosotros evidencias de este tipo de instrumentos.

En el yacimiento de Mezin, en Ucrania, se encontró una serie de seis huesos de mamut, datados en hace 20.000 años, que habían sido golpeados, y hallados en un contexto donde había diversas piezas de marfil decoradas con ocre, mazos y otros elementos similares.

Mientras que algunos arqueólogos no dudan sobre la utilización de estos elementos como instrumentos de percusión, otros, más recientemente, no dudan de la facturación antrópica de los mismos, pero alegan que pudieron ser usados para otras actividades, y no necesariamente música.


 

 

 

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