
20 de octubre de 2026, 9:35
Nueva Tribuna
El lobo ibérico está presente de forma estable en los concejos asturianos de Teverga y Somiedo, así como en la comarca leonesa de Babia. Estas áreas, enclavadas en la Cordillera Cantábrica, forman parte de su hábitat principal, aunque su presencia genera un notable conflicto con las actividades ganaderas.
Si alguien acude en busca de un baño de naturaleza, en el Parque Natural de Somiedo, se va a sumergir de la cabeza a los pies

En Somiedo, Asturias, es el gran depredador del Parque Natural y un indicador clave de su salud ecológica, sus manadas ocupan grandes extensiones (200-500 km²) que abarcan diversos hábitats, con bosques de alta montaña, su dieta es a base de ciervos, corzos y jabalíes.
En Teverga, Asturias, su presencia es estable, incluso en zonas muy humanizadas de la Montaña Central. El fototrampeo ha sido clave para su seguimiento, es un punto caliente de conflicto con la ganadería, por los frecuentes ataques al ganado. La caza furtiva es un problema grave, con casos de lobos abatidos y expuestos en lugares públicos.
En Babia, tiene un área privilegiada donde comparte territorio con el oso pardo cantábrico.
La presencia del lobo genera un conflicto socioeconómico importante por los daños al ganado extensivo. La caza furtiva y la exhibición de cadáveres son una preocupación. Estas zonas son núcleos clave para el lobo ibérico, donde su recuperación convive con un complejo desafío para encontrar un equilibrio entre la conservación y las actividades tradicionales.

Lago de Saliencia
Babia, Teverga y Somiedo forman el corazón de la Cordillera Cantábrica para ver el oso pardo y al lobo ibérico en libertad, siendo el área con mayor densidad de osos de España gracias a sus valles protegidos, bosques de hayas y tradicionales brañas de teitos.
En Somiedo, el parque concentra cerca del 40-50% de los osos cantábricos, con miradores clave como el del Príncipe en La Peral y el de Gúa. En Teverga, también Asturias, está integrado en el Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, el Hayedo de Montegrande y la Senda del Oso. En Babia, León, comarca montañosa al norte de León que limita con Somiedo, es ideal para el seguimiento de fauna de alta montaña en libertad.
La mejor época para realizar avistamientos es en primavera con los primeros brotes y la salida de las osas o el verano tardío y otoño durante la fase de alimentación masiva.

Somiedo, el país de los osos, la niebla y las brañas, es el reino del oso pardo. Berrear de los ciervos recorre cada otoño sus cuatro valles rebotando en las aldeas. Sucede en Asturias, en un concejo formado por montañas puntiagudas, roquedos donde saltan los rebecos, bosques impenetrables y niebla que se encarga de ponerle filtros magistrales al paisaje.
En la cordillera cantábrica viven osos, lobos, ciervos, corzos, rebecos, gatos monteses, jabalíes y una variedad de aves que fijaron su residencia hace decenas de miles de años. Hoy todos ellos, continúan en ese límite invisible entre lo salvaje y el paisaje humano. De praderías y arboledas, de teitos y canchales, de la vida a todo color.

Paisaje típico
La niebla, las brañas y la buena sintonía de los lugareños explica ese acuerdo para que los grandes plantígrados se deslicen con sigilo, pero sin cobardía ni miedo a ser vistos.
Somiedo es el lugar de una reconquista por parte de numerosas especies. Todo un concejo llamado a ser Parque Natural y Reserva de la Biosfera por parte de la UNESCO. No sólo sus bosques y lagos. También las praderas y parroquias pequeñas, Pola de Somiedo, que sería la más grande, cuenta con escasos doscientos habitantes. Semejante entramado de montañas en formación, riscos sobrevolados diariamente por los buitres y las águilas, se halla en plena cordillera cantábrica dentro del macizo asturiano.
En Babia, al atravesar el Puerto Ventana, cambia el paisaje y también el clima. El descenso a La Pola, base recurrente para explorar la zona, se convierte en un divertimento donde se aprecia un aumento de la frondosidad y, por supuesto, la humedad. Esos paisajes no se hacen solos. Hace falta agua. De ahí que la lluvia y las nieblas enmarañando lo mismo valles que cúspides sean aliados necesarios para esta especie de conjunción de todos los astros que hacen que Somiedo sea, o al menos yo lo veo así, uno de los rincones más rocambolescamente hermosos en territorio astur, en España y, aquí va mi órdago, de todo el mundo.
Somiedo merece la pena por muchas cosas, pero la más destacada es la referente a la presencia de uno de los emblemas de la fauna ibérica, el oso pardo cantábrico. De cuantos habitan en la cordillera cantábrica oriental se calcula que algo más de una tercera parte se encuentren en este territorio. Y eso significa superar el centenar de osos, por lo que se puede afirmar que no existe en España lugar con semejante densidad.

Los avistamientos de osos en Somiedo se suceden de una manera muy recurrente. Buena parte del año es posible realizar tareas de rastreo y observación, aunque realmente difícil durante el invierno dado que la mayor parte de los mismos hibernan. Los meses dorados son ya avanzada la primavera, así como en verano cuando las necesidades de alimentación les obliga a apartarse algo más de los bosques y bajar a comer. Es entonces cuando puede suceder ese momento de verlos atravesando una pradera, un canchal, o incluso subidos a un árbol para devorar sus frutos. Raras veces se alimentan de carne, más por atracción a la carroña que por su instinto cazador.
A diferencia de países europeos con población de osos como pueda ser Suecia, Rumanía o Eslovenia, no hay que contratar “hides” donde permanecer ocultos durante horas a la espera de su llegada. En Somiedo hay diversidad de puntos de observación al aire libre y abiertos al público. El mirador del Príncipe en La Peral o una explanada de hierba en Gúa son quizás los más famosos, aunque eso conlleva una presencia elevada durante la temporada alta de fotógrafos con teleobjetivos.
Pero conviene asumir que salvo si es mucha la suerte y se ven osos, que no sucede cada día, suele ser en una posición lejana. Lo más normal es que los avistamientos provengan de ayuda óptica, teleobjetivos o prismáticos. Otra cosa son los encuentros fortuitos de lo que saben no pocos lugareños, sobre todo pastores. Aunque el campo de visión desde distintos puntos, sea en La Peral, el Gúa o en el collado de Aguino sea lo suficientemente amplio, conviene contar con algún guía profesional con experiencia en el asunto.
Que haya osos surcando los bosques y praderas de Somiedo parece suficiente como para animarse a viajar a este destino e intentar, al menos, el propósito de verlos.

Los osos, son esquivos y están ahí para para sobrevivir dentro de un hábitat que les resulta idóneo. Se debe contar con múltiples factores como estar en el sitio exacto en el momento en que las cosas sucedan, la climatología, la paciencia, los medios ópticos, el conocimiento del medio, la experiencia en avistamientos, y sobre todo la suerte.
En un año con el otoño algo adelantado, llegamos en el tiempo en que el oso pardo se alimentaba sobre todo de avellanos y otros frutos. El clima o la niebla son aliados visuales, una manera de explicar Somiedo en sí mismo. Y vimos osos, aunque de manera diferente.
En Gúa, una pequeña parroquia se yergue una explanada, donde se colocan los visitantes y camarógrafos esperando el momento mágico. Durante el verano había sido todo un éxito, incluso por delante del mirador del Príncipe en La Peral. La niebla no era demasiado espesa y los días anteriores anticiparon a nuestro guía, que debíamos poner todo el empeño en este sitio. Si bien la intentona anterior tarde quedó en agua de borrajas, la del sábado, pasadas por muy poco las nueve de la mañana, nos llevó a una emocionante primera vez con los osos. De pronto alguien dio la voz de alarma, una hembra con sus dos crías sacudía un avellano en el flanco de un canchal. Estaban lejos, pero los prismáticos y, sobre todo, los telescopios, ayudaron a observar con nitidez una escena conmovedora de esta madre y sus cachorros.
Una vez los localizamos seguimos sus pasos durante unos cuantos minutos. De vez en cuando, los veíamos zarandear los avellanos, poniéndose de pie, e incluso corriendo de un extremo a otro del canchal. Después desaparecieron por unos instantes para salir al otro lado de una tupida arboleda y seguir alimentándose de otros frutos. Estos supervivientes del último invierno y una primavera anómala de confinamiento humano, eran completamente ajenos a los muchos ojos que los miraban. Muchos se ponen nerviosos cuando la naturaleza permite contemplar en vivo y en directo sus creaciones más hermosas.
No volvieron a aparecer esa mañana, pero a la tarde, ya a última hora y con la luz tan menguada que se volvía inútil la cámara fotográfica, otra hembra, esta vez en solitario, apareció corriendo por una ladera. Mucho más cercana a la explanada que en el anterior avistamiento, quedando prácticamente al frente. La noche se convirtió en su cobijo. Y los testigos que allí estuvimos, nos conformamos con esos segundos de carrera, aunque hubiésemos implorado por vivir algo así con una luz más adecuada para continuar con el mero placer de la observación de fauna.

Un segundo avistamiento de uno oso pardo en Somiedo cuando la berrea del ciervo era un aliciente más. El otoño se había adelantado, algo que se plasmaba en las copas de los árboles, que hacían intuir un continuo amarillamiento que les hace desprenderse del verdor de la primavera y el verano. Las posibilidades de ver osos pardos en Somiedo, era inferior, puesto que ya se habían agotado sus principales fuentes de alimentación fuera del bosque.
En esta ocasión, nuestro genio de los parajes cantábricos, tuvo que volcar su trabajo en recopilar testimonios sobre avistamientos en los cuatro valles de Somiedo. Algo le decía que en el collado de Aguino, apenas a cinco minutos de La Pola, el mejor mirador para disfrutar de la berrea del ciervo, podíamos tener la oportunidad de ver oso.
Al collado de Aguino hay que subir siempre, con osos o sin osos. Constituye un punto privilegiado para contemplar el principal valle del concejo. Desde dicho mirador escuchamos la berrea y localizamos varios ciervos, sobre todo machos que parecían estar ejerciendo el gobierno de sus dominios.

El sábado por la mañana salimos muy temprano, apenas unos minutos antes del amanecer. Las primeras luces del día, así como las últimas resultan óptimas para los avistamientos de fauna. La actividad nocturna es ley, no importa si es en Somiedo o en el Serengueti.
Mientras observábamos varios grupos de ciervos, incluso algunos machos huyendo de otros más grandes, alguien llegó corriendo para avisarnos que había visto un oso con su telescopio. Durante unos minutos de tensión y preguntas, apuntamos hacia una zona donde parecía que había sucedido el avistamiento. En efecto, se trataba de un gran ejemplar de pelaje casi negruzco, suele ser mucho oscuro que el de las hembras, que se perdía entre los arbustos.
Muy pronto se perdió en la foresta, pero con tantos ojos apuntando a la misma área, no tardamos en observar que se dejaba ver de nuevo. Su aparición se caracterizó por una extrema fugacidad, aunque la justa para que quienes no tuvieron la oportunidad de contemplarlo la primera vez, pudieran hacerlo.
En la localidad de Pola de Somiedo, más conocida como La Pola, se sitúa una de las casas del oso que la Fundación Oso Pardo tiene en España. En un edificio de cesión municipal con su propio hórreo reinventado el “Centro de Interpretación Somiedo y el Oso” muestra la relación a lo largo del tiempo de esta especie con los humanos con quienes comparte territorio desde hace miles de años. Un proceso tortuoso hasta llegar al momento actual de aceptación, convivencia y respeto, lo que ha provocado su expansión a otras zonas de la cordillera cantábrica. Somiedo es un modelo que ha favorecido el aumento poblacional y en este centro se aportan razones. También permite aprender sobre el comportamiento del oso pardo cantábrico a lo largo de su vida, lo que viene bien para comprender y contextualizar correctamente lo que se ha venido a ver.
Si alguien acude en busca de un auténtico baño de naturaleza, en el Parque Natural de Somiedo se va a sumergir de la cabeza a los pies. Desde que te acuestas hasta que te levantes, todo a tu alrededor serán montañas de picos, praderas con un verdor refulgente y, si además se pone en modo niebla, la epicidad en cuanto paisajes se refiere es todo un hecho.
El paisaje cultural y etnográfico de Somiedo se convierte en una gran baza para los visitantes. Se aprecia esa conexión del hombre con la naturaleza. El ser humano lleva habitando estos paisajes desde hace miles de años y la función agrícola y ganadera se aprecia más allá de las aldeas. Muy características son las brañas, los lugares donde se acudía con ovejas, cabras y vacas durante la época veraniega para aprovechar los buenos pastos en altura. Refugio pastoril donde se concentraban teitos, construcciones de una sola planta en granito o pizarra, que son herederos de la tradición celta. En los mismos convivían personas y animales. Aunque la mayoría de los mismos se han borrado de los mapas, Somiedo es un lugar excepcional para observar este tipo de viviendas que apenas encontraron evolución en más de dos mil años.
Los teitos son junto a los hórreos, un valioso patrimonio etnográfico, que se puede investigar en dos ecomuseos como “La Casa” en la localidad de Veigas o “Los oficios y la trashumancia” en Caunedo. El primero dedicado a contar cómo eran los teitos por dentro y la vida en el hogar, mientras que el segundo pone el foco en la actividad desarrollada en el concejo, con oficios como madreñeiro, carpinteiro, goxeiro, ferreiro y canteiro, entre otras, así como las rutas que se hacían con el ganado, no sólo dentro de la propia Somiedo sino también hacia otros núcleos de España.
Uno de los mejores lugares de España para disfrutar de la berrea del ciervo. En el mes de septiembre, tras las primeras lluvias, los ciervos machos berrean para atraer a las hembras, formar su harén y arrebatarle el suyo a otros machos a los que consideran más débiles y no dudan en expulsar. El sonido que emiten se escucha a kilómetros. El mejor punto no sólo para escuchar a primera hora de la mañana o de la tarde, sino también para ver a estos grandes herbívoros en acción, es el collado de Aguino, muy cerca de la Pola de Somiedo cuando se va camino de Perlunes.


