HISTORIA DE LA HUMANIDAD – Descubrimientos antropológicos que cambiaron nuestra historia

El descubrimiento de la cueva de Altamira fue el primer lugar del mundo en el que se identificó la existencia del arte rupestre del Paleolítico superior.

Ángel Villazón

1 de mayo de 2026, 13:13

Los descubrimientos antropológicos han reescrito la historia humana, destacando el hallazgo de Lucy, Australopithecus afarensis, que demostró la bipedestación temprana, las pinturas rupestres de Altamira, que revelaron la sofisticación artística paleolítica, el Taung Child, el Ejército de Terracota o las momias más antiguas de la historia. 

Cada tercer jueves de febrero, se celebra el Día Mundial de la Antropología, una efeméride instaurada para aumentar la conciencia sobre esta ciencia que estudia al ser humano desde una perspectiva integral, establecida por la Asociación Americana de Antropología en 2015.

La posibilidad de estudiar el ADN arcaico significó una revolución para entender el origen de nuestra especie

Esta fecha sirve para la promoción de la antropología en la sociedad y el impacto que tiene en ella, siendo crucial su estudio de la diversidad cultural, lo que permite comprender y respetar las diferencias. Parte de ello se debe a descubrimientos que nos han hecho comprender mejor la historia humana.

Pinturas rupestres de Altamira. La Cueva de Altamira, descubierta en 1879, está ubicada en una de las colinas que circundan el valle que da cobijo a la villa de Santillana del Mar, en la provincia de Cantabria.

Su descubrimiento suscitó una fuerte polémica entre los arqueólogos, ya que no creían que los hombres prehistóricos fueran capaces de hacer unas pinturas tan perfectas

Fotografías de la Cueva de Altamira en Cantabria

La estancia principal, denominada sala de policromos, ha sido considerada como la «Capilla Sixtina del arte cuaternario». En su techo se representan casi un centenar de animales y signos, destacando los 21 bisontes en distintas actitudes, acompañados de otros animales como ciervos, caballos, cabras, bóvidos, además de signos, manos y figuras humanas, a veces superpuestos, efectuados con técnicas diversas, grabado, silueteado, pintado, raspado y efectos de sombreado, que dan como resultado una composición de gran movimiento y belleza, única en el arte paleolítico. Su realización data de hace 14.000 años.

El resto de la cueva contiene numerosas pinturas, incluso más antiguos, y un importante yacimiento arqueológico en el vestíbulo.

El descubrimiento fue el primer lugar del mundo en el que se identificó la existencia del arte rupestre del Paleolítico superior. En la cueva de Altamira fue relevante por su conservación y la frescura de sus pigmentos, en un momento, en el siglo XIX, en el que los postulados científicos eran rígidos y esto no tuvo una fácil comprensión. Parte de lo que se descubrió se expuso en la Exposición Universal de París en 1880.

Este hallazgo demostró que en el Paleolítico poseían pensamiento simbólico y una capacidad artística avanzada, además de que rompió la idea de que lo que se consideraba civilización había comenzado en Mesopotamia y Egipto, siendo este el descubrimiento que abrió el estudio del arte rupestre en Europa y a nivel mundial.

Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.

El hallazgo de Lucy. En 1974 tuvo lugar un descubrimiento que reescribió la historia de la evolución humana. En Hadar, Etiopía, un equipo liderado por Donald Johanson, encontró piezas de un esqueleto de alrededor de 3,2 millones de años, a la que llamaron Lucy, por la canción “Lucy in the Sky with Diamonds” de los Beatles, que escuchaban en la radio mientras celebraban este acontecimiento.

El hallazgo de Lucy, marcó un hito en la paleontología al descubrirse el 40% del esqueleto de una hembra Australopithecus afarensis de 3,2 millones de años. Su estructura ósea confirmó que el bipedismo, caminar erguido, que precedió al aumento del tamaño cerebral en la evolución humana. El equipo de investigación encontró 47 huesos que pertenecían al mismo individuo en la región de Afar, tenía aproximadamente 1,1 metros de altura, pesaba cerca de 29 kg y murió siendo adulta, probablemente alrededor de los 11-13 años.

Reconstrucción del cráneo de Lucy

Sus restos evidenciaron que, a pesar de tener una capacidad craneal pequeña, sus extremidades inferiores y pelvis estaban adaptadas para caminar erguida, manteniendo también características para trepar.

Los resultados dieron con la descripción de un nuevo homínido, el más antiguo encontrado en ese momento, que se publicaron en 1978 en la revista Kirtlandia. Con posterioridad se hallaron restos de más individuos, pero fue el esqueleto de Lucy el más completo con un total de 52 huesos.

Los restos originales de Lucy se encuentran resguardados en el Museo Nacional de Etiopía, en Adís Abeba.

El descubrimiento de Taung Child. En 1924 en Raymond Dart, en Sudáfrica, antropólogos encontraron un cráneo infantil con rasgos intermedios entre simios y humanos, que mostró que los primeros homínidos eran africanos, en contra del pensamiento que miraba a Asia o Europa. Indicó que la postura erguida apareció temprano, y actualmente es una pieza fundamental de la paleoantropología.

Réplica del Cráneo Taung Child

El Niño de Taung es un cráneo fósil de Australopithecus africanus de unos 2.5 millones de años, hallado en 1924 en una cantera de cal en Taung, Sudáfrica. Estudiado por Raymond Dart, este espécimen infantil cambió la paleoantropología al posicionar a África como la cuna de la humanidad. 

Su descubrimiento cambió fue publicado por Dart en Nature en 1925. El fósil, que incluye cráneo, mandíbula y molde endocraneal, pertenecía a un individuo de unos 3-4 años y a pesar de que inicialmente fue rechazado por la comunidad científica, que prefería un origen europeo, el cráneo mostró características mixtas de simio y homínido, bipedismo. Los estudios modernos sugieren que el niño murió tras el ataque de un águila rapaz.

El hallazgo contradijo la idea de que la inteligencia humana evolucionó antes que la postura erguida. Hoy se sitúa en el sitio Patrimonio Mundial de la Humanidad, la «Cuna de la Humanidad»

El desciframiento de la escritura maya. Entre las décadas de 1950 y 1980, se han dado avances significativos de investigaciones que han conseguido descifrar la escritura del pueblo maya, por parte de Yuri Knórozov y Tatiana Proskouriakoff. Estos textos eran en gran parte fonéticos, y han desvelado la existencia de dinastías, guerras y alianzas políticas, así como una historia detallada de ciudades como Tikal. Su impacto desmontó la imagen romántica como civilización pacífica y aislada, al mostrar una sociedad políticamente compleja y dinámica.

 

Desciframiento de la escritura maya

El desciframiento de la escritura maya, un sistema logosilábico, fue un proceso de siglos culminado en la década de 1950 por el lingüista soviético Yuri Knórosov. Utilizando el «alfabeto» de Diego de Landa como silabario, descifró glifos que combinan sonidos y conceptos, permitiendo hoy leer entre el 60% y 70% de las inscripciones. 

La escritura maya utiliza logogramas, signos que representan palabras completas, y silabogramas, signos que representan sílabas.

 El Alfabeto de Landa, año 1566 en el que Diego de Landa intentó registrar los glifos basándose en el alfabeto español. Knórosov demostró que Landa registró las sílabas que componían los nombres de las letras, por ejemplo, el glifo para la letra «c» era la sílaba maya «ka».

Yuri Knórosov, sin visitar América, aplicó métodos de lingüística estructural para demostrar el valor fonético de los glifos, utilizando el Códice de Dresde como material de estudio. En los años 60, demostró que los glifos no eran solo astronómicos, sino que narraban la historia, nacimientos y muertes de los gobernantes mayas.

Los jeroglíficos se leen generalmente en pares de columnas, de izquierda a derecha y de arriba abajo. El estudio continuo ha permitido que la mayor parte de las inscripciones sean comprensibles, cambiando la visión de la civilización maya de una sociedad teocrática a una con una historia política rica y detallada

El hallazgo de los denisovanos. En el año 2010, en la Cueva Denisova, en Siberia, se encontró un fragmento de un falange y molar, que se identificó con una nueva población humana a través del ADN, a la vez que demostró que hubo mestizaje entre sapiens, neandertales y denisovanos. Esto marcó el auge de la paleoantropología genética como herramienta clave, a la vez que se halló que parte de su genética pervive actualmente en poblaciones de Asia y Oceanía.

El hallazgo revolucionó la paleoantropología al identificar una nueva especie humana a través del análisis de ADN de un fragmento de hueso de dedo de una niña, de hace unos 40.000-50.000 años.

Fue la primera vez que se describió una especie humana nueva basándose casi exclusivamente en su genoma, en lugar de en sus características anatómicas, que no coincidían ni con los neandertales ni con los humanos modernos. El ADN demostró que los denisovanos compartían un ancestro común con los neandertales y se mezclaron con los ancestros de los humanos modernos, dejando rastro genético en poblaciones actuales de Asia y Oceanía.

Niña Denisovana

Además del hueso del dedo, se encontraron molares y restos de dedos de pie en la misma cueva, y recientemente se vinculó una mandíbula hallada en el Tíbet con este grupo, demostrando una amplia distribución geográfica.

Un cráneo en Harbin, China, se ha vinculado recientemente a los denisovanos, proporcionando una visión más clara de su aspecto físico frente inclinada y cara grande. y confirmando su presencia en Asia.

Estudios genéticos en la cueva de Denisova han identificado ADN de hasta 200.000 años de antigüedad, mostrando una población arcaica que habitó gran parte de Asia durante el Pleistoceno y cuya existencia reescribió la historia de la evolución humana. 

La especie humana comenzó en África hace unos tres millones de años. Desde los Australopithecus hasta los Homo sapiens ha habido muchos humanos de especies distintas, entre ellos los neandertales y los denisovanos.

Mapa de la migración de Homo sapiens, Homo erectus y Homo neanderthalensis NordNordWest | Wikimedia Commons

La secuenciación del genoma humano, que permite conocer la secuencia de todos los genes, ha permitido estudiar y comparar la genética del hombre moderno con nuestros antepasados. En la actualidad, y gracias a técnicas modernas de secuenciación, se han podido obtener los genomas de especies arcaicas y extintas de homínidos.

En 2021, se conocían las secuencias de los genes de 23 humanos arcaicos 18 neandertales, cuatro denisovanos y una mujer descendiente de madre neandertal y padre denisovano. Ambas especies interaccionaron con los hombres modernos, Homo sapiens, ya que el 2 % de los genomas de los no africanos proviene de los hombres de Neandertal.

Además, el 5 % de los genomas de las poblaciones de Oceanía se remonta a los hombres denisovanos, y la presencia de esta especie arcaica aún se puede detectar en el genoma de las poblaciones asiáticas actuales. Esta presencia en el genoma del hombre actual además permite conseguir información muy valiosa sobre la biología de nuestro origen. El Homo neanderthalensis es un caso particular, puesto que no se ha encontrado su ADN mitocondrial en el Homo sapiens. Actualmente hay varias hipótesis para explicar esto, pero el hecho es que sí tenemos genes neandertales. Por ejemplo, en Europa el aporte de los genes neandertales al color de la piel llega hasta un 70 %. Buscando variaciones en los genomas de los cazadores-recolectores del Mesolítico, hace unos 10 000 años, se ha encontrado que el color de piel más claro en los europeos actuales no era muy frecuente hasta el Neolítico, unos 5 000 años antes de nuestra era.

La secuenciación del ADN mitocondrial proveniente del dedo de esa niña, encontrado en las cuevas de Denísova, permitió la identificación de un nuevo homínido: el hombre de Denísova. La sorpresa fue que el 17 % de su genoma era ADN neandertal, por lo que ambas especies se cruzaron en algún momento de la evolución. Esto se confirmó cuando se secuenció un trozo de hueso de otro individuo que vivió hace unos 90 000 años. Este individuo era especial, puesto que su padre era denisovano y su madre neandertal: encontramos el primer individuo híbrido de estas dos especies. Esto podría indicar que la relación entre estas dos especies no era algo puntual.

El análisis de los genes que determinan los grupos sanguíneos indicó que tanto los neandertales como los denisovanos tuvieron un origen africano.

También es interesante la presencia de una variante del gen del factor Rh en neandertales que sólo se ha encontrado en algunos individuos de Oceanía, dando pistas sobre posibles cruces con Homo sapiens antes de su expansión hacia el sureste asiático.

Ese mismo estudio sugiere que la poca variabilidad genética de los neandertales los haría más propensos a ciertas enfermedades. Su extinción pudo venir dada por problemas genéticos, que les hicieron más propensos a infecciones virales y a una baja tasa de reproducción.

El Hombre de Cheddar descubierto en 1903 muestra el esqueleto completo más antiguo de Gran Bretaña que desafió las ideas preconcebidas sobre la pigmentación de la piel en los europeos antiguos. 

Los hallazgos muestran cómo vivían nuestros antepasados y desafían nuestra comprensión de la evolución, la cultura y la tecnología a través del tiempo. 

Descubierto en la cueva de Gough, situada en la garganta de Cheddar, en el condado de Somerset, en Inglaterra, el esqueleto de un hombre que yacía en solitario en un período en el que los entierros comunales eran la norma. 

La reconstrucción facial de este individuo que vivió hace unos diez mil años ha revelado que su aspecto distaba bastante del que presentan los oriundos de las islas británicas en la actualidad. De hecho, tenía la piel oscura y los ojos azules. 

El análisis pone en cuestión que los europeos hayan tenido siempre la piel clara. El responsable del estudio de los restos encontrados hace 118 años, Yoan Dieckmann, afirma que la piel clara asociada a los modernos europeos es «un fenómeno relativamente reciente». Según los estudios realizados hasta la fecha existen dos factores que podrían explicar este cambio en la pigmentación. El primero hace referencia a las migraciones de gentes que llegaron a Europa hace aproximadamente unos 45.000 años. Los estudios genéticos realizados sobre estas poblaciones demuestran que la piel empezó a perder su tonalidad oscura hace unos 25.000 años. Sin embargo, el tono de piel del grupo humano al que perteneció el Hombre de Cheddar, así como el de otros individuos encontrados en España, concretamente en León, no lo haría hasta bastante más tarde.

El segundo factor, es que la piel del ser humano empieza a perder su tonalidad oscura cuando alcanza cotas más altas. La respuesta la encontramos en la luz ultravioleta. En el continente africano, la incidencia de los rayos ultravioleta es mucho más intensa que en Europa. Por lo tanto, es lógico pensar que esta protección en cotas más elevadas y en zonas con mucha menos radiación solar acabó resultando innecesaria. Es decir, un color más claro de la piel en estas regiones permitía al ser humano absorber con más eficacia la luz ultravioleta y la vitamina D, un elemento indispensable para la vida. Así pues, en el norte del continente europeo empezaron a surgir seres humanos con la piel más clara mientras que en el sur el tono podía ser variable, en función de su adaptabilidad al medio.

Los primeros estudios que se hicieron sobre sus restos óseos arrojaron algunas pistas: fue un cazador-recolector que medía aproximadamente 1,65 metros de estatura, pesaba algo más de 63 kg y murió muy joven, con apenas veinte años. Aquel individuo poseía, una buena dentadura y se desconoce si el agujero que presentaba en la frente se debió a alguna infección o bien fue causado en el momento de la excavación de los restos. Lo que sabemos es que el Hombre de Cheddar emigró a las islas británicas a finales de la última Edad del Hielo, cuando aquella zona estaba densamente poblada de bosques. Cazaba ciervos y conejos, y se cree que también pescaba, complementando su dieta con vegetales y frutos secos.

El Hombre de Cheddar. Reconstrucción. Museo de Historia Natural, Londres

Para extraer ADN antiguo de un humano o animal, lo que buscas es un hueso denso que podría haber protegido el ADN dentro de él tanto como sea posible. Normalmente usábamos huesos de piernas o dientes, ya que los huesos gruesos y el esmalte mantienen el ADN intacto, pero en los últimos dos años hemos pasado a extraer muestras del peñasco, o hueso del oído interno, que es el hueso más denso del cuerpo humano. Así, gracias a los análisis de ADN realizados sobre los restos óseos, el profesor Dieckmann explica que ha sido posible ubicar al Hombre de Cheddar «en el tiempo y en el espacio. Su perfil genético lo sitúa junto a otros europeos del Mesolítico en España, Hungría y Luxemburgo, cuyo ADN ya ha sido analizado. Estos cazadores-recolectores emigraron a Europa al final de la última Edad del Hielo, y el grupo incluyó a los antepasados del hombre de Cheddar», asegura el científico.

Este estudio hubiera sido imposible hace unas décadas, pero los avances tecnológicos y científicos han permitido, además de conocer el tono de la piel del Hombre de Cheddar, saber el color de su cabello y de sus ojos, que sorprendentemente eran azules. Las nuevas tecnologías aplicadas a la antropología y a la arqueología han permitido, además, realizar una reconstrucción facial de este individuo, y confirmar que su piel no era tan clara como quienes lo descubrieron y lo estudiaron durante décadas habían pensado.

Según los investigadores, en la actualidad tan solo el diez por ciento de la población autóctona de las islas británicas desciende de este primitivo grupo de pobladores. 

Otros descubrimientos son el Ejército de Terracota descubierto en 1974, en China, miles de figuras de arcilla a tamaño real que demostraron el inmenso poder organizativo de la antigua China y las momias más antiguas, hallazgos recientes, año 2025, que revelan complejas prácticas funerarias en la prehistoria.

El padre de la paleogenética, una de las caras más representativas de este campo es la de Svante Pääbo, cuyos aportes a la genética evolutiva humana han sido de vital importancia. En 2022 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus descubrimientos sobre los genomas de homínidos extintos y la evolución humana.

La posibilidad de estudiar el ADN arcaico significó una revolución para entender el origen de nuestra especie. Somos híbridos, el resultado de cruces producidos millones de años atrás, cuando ni siquiera existíamos.

ADN Sedimentario (Cueva del Mirón). Capacidad de recuperar ADN humano y animal directamente de la tierra, permitiendo identificar poblaciones antiguas sin necesidad de restos óseos.

 

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