Cultura vaqueira: tradición trashumante asturiana, libertad y naturaleza en el corazón de Teverga.

9 de agosto de 2025, 18:29
Los vaqueiros eran pastores y pastoras que trashumaban entre los altos y el pueblo de origen, aprovechando el verano para que el ganado pastase en los puertos de montaña, y una vez concluido éste, recogerse en el invierno bajando al cobijo de la civilización.

Cabaña de Sobia.
La cultura vaqueira se basó en unas costumbres muy arraigadas, con bailes, cantos y vestimentas propios que se conservaron en las brañas. Esto les provocó históricamente un sentimiento de comunidad favorecido por la discriminación sufrida por parte de la iglesia católica y la población xalda, aldeanos de vida sedentaria, que no se identificaban con el modo de vida nómada e independiente de los vaqueiros.
Constituyen un grupo asturiano de profundas raíces y costumbres ancestrales
Constituyen un grupo asturiano de profundas raíces y costumbres ancestrales. Han sido y son los guardianes del paraíso natural que es hoy Asturias. Su actividad ganadera y los pastos por los que han transitado durante siglos en la trashumancia contribuyen a conservar intacta una naturaleza que hoy es el mayor patrimonio de los asturianos.
La naturaleza y la vida de los vaqueiros se funden en una historia que ha marcado la forma de ser de estas gentes, amantes de su libertad y de su laboriosidad por toda Asturias, especialmente en el occidente. Un colectivo que tiene por bandera la libertad dada su convivencia con la naturaleza lo que sin duda le granjeó conflictos y discriminaciones sufridas desde la edad media, bien por la falta de pago en los diezmos a la iglesia o por el carácter trashumante de los vaqueiros.

Vista de los concejos que forman la mancomunidad de la comarca vaqueira.
Se definió a los habitantes de las brañas como “vaqueiros” porque vivían de la cría de ganado vacuno, y “de alzada” porque su asiento no es fijo, sino que “alzan” su morada y residencia para emigrar anualmente, al llegar la primavera, con sus familias y ganados a los altos pastos.
Para el mes de mayo las familias subían con el ganado hasta las montañas del interior en busca de frescos prados para regresar de cara al invierno a las brañas más próximas a la costa donde las comunidades vaqueiras desarrollaban sus actividades. Hay dos fechas que marcan el inicio y fin de la alzada, San Miguel de Mayo y San Miguel de Septiembre.
Llegado septiembre los vaqueiros regresan de las altas montañas del interior a las zonas bajas junto a la costa. La revolución de los transportes ha afectado, a este viaje entre las brañas, que ahora se hace con medios motorizados, subiendo y bajando el ganado y los enseres con camiones, en vez de formar esas procesiones en las que antaño las familias enteras con sus enseres practicaban la trashumancia.

Braña.
Los vaqueiros de alzada constituyen una de las culturas vivas más importantes de Asturias por su inalterable variación a lo largo de los siglos, a pesar de las discriminaciones sufridas por los eclesiásticos y los xaldos, población asentada en las zonas agrícolas de Asturias desde la edad media.
Un colectivo que tuvo por bandera la libertad, le granjeó conflictos y discriminaciones sufridas desde la edad media, bien por la falta de pago en los diezmos o por el carácter trashumante.
La cultura se transmite de forma oral, de generación en generación, por lo que debería ser protegida para preservar a las futuras generaciones sus costumbres, valores, bailes, vestimenta y un amplio folklore que se conservaban aún hoy en las brañas sin influencias externas. Los valores que rigen a los vaqueiros son su sentido de la libertad que le proporciona el contacto la naturaleza, su carácter solidario y un profundo sentido de la justicia.
En las brañas, asentamientos veraniegos donde pasta el ganado y vivían los pastores, se conservan numerosas construcciones en forma cabañas y cuadras, alguna tan singulares como los corros, circulares con bóveda de piedra, o los teitos, cabañas con cubierta vegetal.
El vaqueiro vive por y para sus vacas. Toda su existencia está supeditada a que su ganado prospere y para ello organiza su vida en función de las necesidades de éste.
Parte de la hierba que alimenta su ganado crece de forma espontánea, pero otra, sobre todo la de los aledaños de las brañas, es cultivada con tesón. Para ello delimitan y estercolan sus parcelas, y, cuando lo creen conveniente, siegan los prados con objeto de almacenar la hierba.
Difieren en la constitución y estructuración de su sociedad. Pasiegos y vaqueiros forman pequeñas sociedades al margen, que poco o nada se mezclan con el resto. Los vaqueiros viven diseminados en pequeños asentamientos o brañas. Estas brañas, lejos de mantener cualquier tipo de estructura común, se comporta de forma totalmente independiente frente a las otras.
La falta de unión para enfrentarse a su postergación hizo que ésta perdurase, pues los intentos realizados para superarla siempre fueron llevados a cabo por un individuo concreto o una familia y nunca por la totalidad de los brañeros pertenecientes a una determinada parroquia.
Por su forma de vida, vivían diseminados en brañas, cañadas y prados, tampoco podían desarrollar una vida social, salvo en núcleos muy reducidos. En estas circunstancias, los lazos que unían a cada individuo con sus paisanos de braña eran muy fuertes.
Cuando los vaqueiros bajan a la aldea lo hacen en grupo a fiestas tradicionales, entierros de vaqueiros o ferias de ganado que los reúnen
Cuando los vaqueiros bajan a la aldea lo hacen en grupo a fiestas tradicionales, entierros de vaqueiros o ferias de ganado que los reúnen. Estas ocasiones son ideales para que mozos y mozas se conozcan y emparejen. También para que se encuentren familiares y amigos que, de otra forma, apenas se verían. En ocasiones, para iniciar o cerrar negocios ajenos al propio trato del ganado, concertar matrimonios, discutir diversas cuestiones e, incluso, hasta hace no mucho tiempo, contratar los servicios de los célebres “maestros temporeros”, mitad músicos, mitad maestros, que enseñaban a los pequeños de la braña un poco de leer y un poco de las cuatro reglas en el tiempo libre de las faenas de la casa.
Como modo de reafirmarse más en su diferencia, los vaqueiros perpetuaron durante siglos estas y otras costumbres.

Vaqueiro de alzada.
Todo gira en torno a las vacas y todo se organiza de acuerdo con lo que precisan éstas. Si hay que subir al prado más fresco para que encuentren la mejor hierba, se sube. Si hay que atravesar o invadir tierras ajenas para llegar al puerto, se busca el camino. Si hay que enfrentarse al resto de la sociedad para mantener a su ganado como mejor cree, no se vacila.
El vaqueiro no conoce más autoridad que la suya. En su vida no hay nobles ni Iglesia, ni calendario
El vaqueiro no conoce más autoridad que la suya. En su vida no hay nobles ni Iglesia, ni calendario. El día que quiere hacer fiesta, es fiesta. Y decide dónde, cuándo y cómo trabajar, lujos imposibles para un sedentario aldeano. El vaqueiro está en el monte con el ganado haciendo lo que quiere.
Otra de las actividades reseñables de los vaqueiros es la arriería. Para ello, se valen de mulas y caballos, porque el recorrido trazado para sus idas y venidas a través de las montañas. Las rutas en camino llano, las que surcaban Castilla y enlazaban con Galicia, eran patrimonio de los maragatos, especialistas en mover grandes cantidades y género valioso. La trajinería de los vaqueiros era, en general, de carácter mucho más modesto.
El hecho mismo de que sus orígenes se relacionasen con judíos tal vez haya tenido en este tipo de actividades un importante punto de apoyo, ya que se trataba de oficios mal vistos entonces y propios de otras etnias.
Sobre el origen de los vaqueiros podría decirse que la localización geográfica de los vaqueiros coincide con el territorio ocupado anteriormente por las tribus pésicas que poblaron la tierra asturiana durante la época castreña. La primera referencia a brañas data del 780, año en que Adelgaster dona varias al monasterio de Santa María de Obona.

Cabaña.
El término braña hace referencia al hebreo branna, pasto de verano, y a la palabra brano que en bable es estación veraniega. Actualmente las mejores conservadas se encuentran en los concejos de Tineo, Valdés, Cudillero, Villallón, Somiedo y Cangas de Narcea.
Las brañas están ubicadas en las laderas de los valles y suelen estar rodeadas de campos ricos en pastos y abundantes recursos acuíferos, donde el ganado se alimenta en semilibertad.
Cercadas en algunos casos por muros de piedra, estas propiedades albergan en su interior unas de las construcciones más interesantes y arcaicas de toda la Península Ibérica
Cercadas en algunos casos por muros de piedra, estas propiedades albergan en su interior unas de las construcciones más interesantes y arcaicas de toda la Península Ibérica. Además, las brañas están situadas en zonas con grandes pendientes y desniveles en un principio por su carácter defensivo evitando así las constantes invasiones que sufrían las poblaciones de la costa. Aprovechaban los terrenos para el pasto del ganado y de forma secundaria para la agricultura.
Su cabaña es esencialmente vacuna, aunque también suele dedicarse a la lanar y caballar. Algunas familias mantienen algún cerdo, como complemento alimenticio
La casa vaqueira típica se construye de piedra, con una cubierta vegetal. Son los llamados teitos que abundan en Somiedo. La vivienda típica vaqueira tiene el techo de paja, de forma cónica que descansa sobre un muro de piedras sin argamasa. Tienen unas pocas y pequeñas ventanas, y la estructura es sobria y pesada. Cada casa tiene su propio espacio. Su emplazamiento en la aldea queda condicionado únicamente por la riqueza del terreno, sobre todo en los pueblos de verano. Las casas vaqueiras aparecen disgregadas, separadas unas de otras. La parte más importante de la vivienda vaqueira es la cuadra. Cuando se construye una nueva vivienda, la forma y el tamaño van siempre en relación con el espacio necesario para el ganado.
Las construcciones milenarias emergiendo en medio de paisajes, son herederos de la tradición más antigua, la de las tribus satures, pésicas y lugones celtizadas, que los romanos quisieron hacer desaparecer de la historia.

Por el hayedo de Montegrande, uno de los mayores de Asturias, discurre una ruta de senderismo que finaliza en la cascada del Xiblu. El camino discurre entre hayas, serbales, espineras, robles o acebos. Entre la fauna destacan los grandes mamíferos como los ciervos, corzos, rebecos, jabalíes, osos y lobos entre muchos. Buitres, águilas, azores surcan sus cielos, y urogallos, especie en grave peligro de extinción.
Este hayedo, al sur del concejo de Teverga, es la tercera mancha forestal de Asturias, tras Muniellos y Peloño. La zona donde se ubica es conocida como El Privilegio, concejo independiente del de Teverga compuesto por los pueblos de Páramo, La Focella y Villa del Sub.
La Senda del Oso es una vía verde en Asturias que atraviesa los concejos de Proaza, Quirós, Santo Adriano y Teverga
La Senda del Oso es una vía verde en Asturias que atraviesa los concejos de Proaza, Quirós, Santo Adriano y Teverga. El nombre se debe a qué en la zona, concretamente en el concejo de Proaza, existe un cercado donde habitan dos osas pardas, Paca y Tola, que no pueden vivir en libertad y son atendidas por una fundación. La senda sigue el antiguo recorrido de un tren minero que transportaba carbón desde las minas de Teverga hasta Trubia. Es una ruta para practicar senderismo y ciclismo, con un recorrido que atraviesa paisajes naturales, túneles y puentes. Los visitantes pueden disfrutar de la belleza del entorno e incluso avistar osos en su hábitat natural.

Puente sobre el Lago de Valdemurio, en la Senda del Oso.
Rutas para descubrir este concejo en el corazón del Parque Natural de Las Ubiñas, en plena montaña central asturiana. Aúnen una naturaleza casi salvaje y un recorrido histórico de miles de años como Teverga, conformada durante milenios a través de sus tres valles, Valdesampedro, Valdecarzana y Valdesantibáñez, donde el arte prehistórico convive con el románico, o el pasado minero, todo ello en un entorno natural y ganadero donde las brañas con sus teitos y corros conviven con grandes extensiones forestales donde los últimos urogallos se resisten a desaparecer y el oso es el vecino más habitual.

Vista panorámica. (Wikipedia)
Todo el territorio del concejo de Teverga forma parte del Parque Natural de Las Ubiñas – La Mesa, fue declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2012.
Después de la ruta, el hotel y restaurante Casa Manolo Páramo, es un buen lugar en el que descansar y reponer fuerzas degustando su fabada, carnes y otros platos típicos de la gastronomía tradicional.
El desfiladero de La Estrechura tiene un estrecho paso por donde la carretera serpentea para llegar a la zona conocida como El Privilegio e iniciar el ascenso al Puerto de Ventana.

Cascada del Xiblu. (Wikipedia).
El río se sume en las entrañas de la tierra, justo por debajo donde está la gran entrada a Cueva Huerta, una de las mayores cavidades de Asturias con más de 14 kilómetros de galerías exploradas.

Hayedo de Montenegredo.
El hayedo de Montegrande es uno de los de mayor extensión de España. Predomina el haya pero podemos encontrarnos también con especies como el roble, abedul o acebos, con una variedad de fauna que va desde pequeños roedores, corzos, ciervos, osos o lobos. Es uno de los últimos reductos del urogallo cantábrico, especie en grave peligro de extinción.
Menos conocido que otros puertos, el de Ventana, es otro de los grandes pasos de comunicación entre Asturias y León, en este caso a través de Babia. Con inicio en la capital de Teverga, son casi 20 kilómetros hasta alcanzar su cumbre, a 1.587 metros, lo que lo convierte en un mirador sin igual de los valles teverganos.
Uniendo el Parque Natural de Las Ubiñas – La Mesa con el Parque Natural de Somiedo, se encuentra el Puerto de San Lorenzo, una amplia ventana a esta parte de Asturias donde, en verano, le podemos poner como banda sonora los cencerros de los centenares de cabezas de ganado que pastan en la zona.
Teverga es un pequeño paraíso para las personas aficionadas a la escalada. Cuenta con varias zonas como la “aguja” de Sobia, Gradura o Entrago, que la convierten en una de las mejores zonas de España para esta práctica deportiva y la más amplia de Asturias, superando las 600 vías.

Valdecerezales, en Teverga.


