TURISMO DE NATURALEZA – La comarca de Babia en León y la trashumancia

Fotos: Turismo Castilla y León

Una visita a Babia permite desconectar del día a día, olvidarse de todo y vivir con la naturaleza.

Nueva Tribuna

Ángel Villazón

20 de julio de 2025, 18:04

El nombre de la comarca de Babia etimológicamente deriva del latín medieval, Vadabia. Limita al norte con Asturias y al Este con la de Luna, al Sur con la de Omaña y al oeste con la comarca de Laciana.

Ya desde la Edad Media, la Comarca de Babia se dividía en dos concejos:

  • Babia de Abajo, ahora Ayuntamiento de San Emiliano.
  • Babia de Arriba, ahora Ayuntamiento de Cabrillanes.

La densidad de población es muy baja, cuenta con 1600 habitantes.

La naturaleza se muestra en todo su apogeo, donde se puede admirar el espectáculo de sus paisajes, disfrutar de sus rutas de senderismo, de sus rutas para montañeros y del ciclismo

Ubicada en la provincia de León, es conocida por sus paisajes montañosos y por ser una zona de grandes nevadas. La nieve permanece en las laderas septentrionales y en las gargantas estrechas hasta bien entrado el verano. Babia Góra, la montaña más alta de la zona, es un ejemplo de cómo la nieve puede persistir en ciertas áreas. Además, la comarca ha sido testigo de nevadas importantes recientemente, dejando imágenes pintorescas y típicas de la zona. 

Las fuertes nevadas característica en invierno ofrece atractivos paisajes y son abundante en aguas y verdes praderas que siempre determinaron su principal riqueza: la ganadería. 

Es tierra de tradición pastoril, marcada por la trashumancia. Actualmente siguen subiendo rebaños de ovejas merinas a los puertos de Babia, que comparten los pastizales con el ganado vacuno y equino. 

La tradición ganadera de la comarca se inicia en La Meseta, siendo punto de partida de rutas trashumantes que finalizan en Extremadura. Esta práctica, que implica el desplazamiento estacional de rebaños en busca de pastos, fue fundamental en la economía de la región durante siglos y aún se puede apreciar en algunos rebaños actuales. 

Las ovejas entran en Babia por el collado de Villabandín, dejando atrás las tierras de Omaña. Están en Brañas Brañinas, donde nace el río Luna, y a una jornada de su destino en los puertos de La Cueta, donde nace el río Sil.

El valle se tiñe de blanco y el sonido de los cencerros envuelve la atmosfera, y las órdenes del pastor y los ladridos de los mastines rompen el silencio. Las merinas regresan a los puertos, desde la ribera del Órbigo, para pastar el verano. Algunos viejos esperan al rebaño al pie de la carretera, recuerdan sus años de infancia en los valles.

Uno de los rebaños que hacen la trashumancia entre la ribera y la montaña, en la provincia de León. La mayoría suben a pie, pero algunos rebaños son desplazados en camiones como el que pronto llegará con la ganadería Grande, que es el único rebaño extremeño que mantiene la tradición después de siglos. 

La estampa no esconde la vida dura y solitaria de los pastores. Sus rostros endurecidos por el sol hablan por sí mismos de la vida errante. Siglos de historia caminan a su lado, con una situación personal que casa mal con la vida sacrificada de la trashumancia y la soledad del monte.

La ganadería enfila la carretera, cuesta arriba, camino de la majada donde miles de ovejas pasarán la noche antes de emprender la última etapa hasta La Cueta. Salieron el miércoles de Moral de Órbigo y ayer fueron divididas en dos hatajos, uno para Cebolledo y otro para Vegarredonda, para pasar el verano. Han caminado entre 20 y 25 kilómetros diarios de las tierras bajas de ribera a las alturas de la montaña.

La trashumancia sobrevive en León pese a las dificultades que tienen que sortear el medio centenar de ganaderos que aún conservan esta antiquísima forma de ganadería. 

En los dos últimos años, estas dificultades se agudizan con medidas de la Consejería de Agricultura que chocan con la ‘apuesta’ por la trashumancia de la Consejería de Medio Ambiente. 

Los ganaderos tienen más miedo a la administración que al lobo que no es citado entre sus preocupaciones. Para el lobo cuentan con sus mastines como guardianes, para luchar con la Junta necesitarían otros perros.

Los pastores y la sostenibilidad de la trashumancia, constituyen uno de los valores de la Reserva de la Biosfera de Babia y Luna. El ganado lanar ha transformado el paisaje en praderas donde en tiempos remotos sólo había bosque. En Omaña y también en Babia el piornal avanza sobre los antiguos pastos. Desde el collado de Villabandín, un ganadero señala las huellas y apunta el problema que supone para los incendios.

El bosque avanza de la mano del hombre. Se acaba de realizar una plantación de árboles en las laderas para beneficiar el corredor del oso pardo. En la carretera de Peñalba de Cilleros hacia Omaña se ve el cartel, casi 700.000 euros en una plantación. 

Nos quieren meter el oso por aquí, dice un vecino. Si invirtieran el dinero en hacer un corral en cada puerto para que el ganadero se pueda ausentar tranquilamente y vivir como una persona de este siglo nos beneficiarían algo a nosotros, pero de los ganaderos no se acuerdan.

También reclaman más atención y recursos para las casetas de los pastores y respeto de las cañadas y cordeles. Las concentraciones parcelarias de las riberas y el Páramo han arrasado con muchos tramos sin que se haya consultado a los ganaderos, denuncia su compañero.

El movimiento estacional del ganado les hace aprovechar mejor los recursos y no sobreexplotar los pastizales, adaptándose a las condiciones climáticas de cada lugar. Además, contribuyen a la conservación de un patrimonio notable de razas autóctonas de ganado, prevención de incendios forestales, etc., explica un biólogo.

Este sistema, que ha modelado los paisajes cantábricos y conservado gran parte de nuestra diversidad, es la asignatura que imparten a la sociedad, todos los días, los ganaderos trasterminantes con el aula vacía, lamenta el científico.

Los pastores saben bien lo que su labor contribuye al medio ambiente. La oveja lo que come, lo deja, dice un viejo dicho de pastores en alusión a la riqueza fertilizante de su abono. Antaño en los pueblos se disputaban las majadas de las ovejas para aprovechar sus excrementos.

En primavera salió de Azares del Páramo rumbo a Adrados Ordás y a primeros de julio partirá hacia Torrestío y la Cueta, donde aprovecha los pastos de altura de sus puertos. A la vuelta, en septiembre, su ganado se beneficiará de las rastrojeras de tierras de cultivo en el Páramo y el rebaño andará hasta Alcuetas, casi en el límite con la provincia de Valladolid.

El movimiento del ganado tiene ventajas para el terreno, se abren caminos y se propagan menos los incendios, si no todo se convierte en un monte.

Pero en lugar de ser compensados por esta labor, les penalizan económicamente. Los ganaderos trashumantes, aparte de una vida sacrificada, tienen que pagar por cada movimiento que realizan con sus ovejas, a razon de 0,6 centímos por cabeza cada vez que hacen un desplazamiento.

El oficio de pastor no es fácil, guiar y gobernar un ganado es complejo y hay que atenderlo los 365 días del año. La mayoría de los ganaderos son los propios pastores de sus ovejas, aunque hay quienes cuentan con pastores. 

La cotización de los puertos merineros por ganado vacuno y en los últimos años, por el equino, ha desplazado a las ovejas en los pastos. Pero lo peor es la invasión de las praderas que han pagado los merineros por el ganado de gente del pueblo que pasta sin control por el monte y que se van a a los mejores pastos.

El puerto de La Solana, de esta localidad, es el más afectado por la plaga del ‘zurrón’, una oruga que ha devorado cerca de 5 hectáreas de pastos según la Junta y más de 40 según un ganadero. Nadie ha hecho nada, sentencia un ganadero, abandonado a su suerte pese a las buenas palabras del consejero de Medio Ambiente. 

Hay una gran descoordinación entre Agricultura y Medio Ambiente, lamentan los ganaderos leoneses de la Asociación Ibérica de Pastores Trashumantes. 

Otro problema de los ganaderos es que pese a aumentar los costes de producción, el precio del ganado es bajo. El cordero oscila entre los 3 y los 5.50 euros. Se paga muy poco y encima traen corderos vivos de Francia que los matan en Palencia y pasan por ser de aquí.

En León quedan 48 ganaderos trashumantes. Reclaman condiciones de vida del siglo XXI y un reconocimiento para su actividad. En Europa se están debatiendo los futuros Fondos de Desarrollo Regional y quieren ser oídos. El grupo de Traumancia acaba de constituirse sin la voz de un pastor. Le exigían hablar inglés, un curriculum que no piden a los candidatos a eurodiputados.

A los trashumantes les protegió durante siglos el Honrado Consejo de la Mesta. Ahora no tienen que les defienda.

Hablando de la zona de Babia, la piedra que caracteriza sus montañas, es caliza, de un gris casi blanco y se estima que en su subsuelo existe un gran complejo de simas, cuevas y corrientes subterráneas. La cordillera Cantábrica cierra los altos valles de Babia en los que quedan algunos bosques. La acción del hombre durante siglos ha dotado a Babia de una gran biodiversidad.

El fondo del valle de Babia es amplio, rodeado de cumbres que rebasan los 2000 metros de altitud, valles moldeados por glaciares. Destaca por su altitud el macizo de Ubiña, con Peña Ubiña de 2414 metros, una de las montañas más altas de la cordillera Cantábrica.

En el año 2004 fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco, como una Unidad más de la Gran Cantábrica. 

Babia de Arriba está compuesta por 14 pueblos, y Babia de Abajo por otros 14 pueblos entre los que están los mayores núcleos de población como San Emiliano, Cabrillanes, Huergas de Babia, Piedrafita de Babia, Torrebarrio y Quintanilla de Babia.

Destaca en Babia la serenidad de sus valles y montañas, cubiertos de pastizales, la tranquilidad en la que nacen los ríos Luna y Sil, y el amplio horizonte con picos cubiertos de nieve. Todo este paisaje responde a valores naturales modelados por el trabajo secular del ser humano

En la Edad Media los reyes de León escogían este lugar para su reposo y alejarse de las tareas cotidianas de la corte, no existe ninguna prueba o evidencia que sustente algo parecido a que Babia fuera un lugar de recreo real, y menos aún de que el rey desatendiera sus obligaciones en Babia. 

En Babia el tiempo transcurre a otra velocidad. Con una naturaleza que nunca defrauda, no es lugar de paso, sino un lugar para disfrutar sin prisa, pues muchos son los reclamos que hacen de él un lugar donde perder la noción del tiempo, lugar único para perderse y descubrir sus rincones.

Hoy en día la expresión «estar en Babia» define a cualquier persona distraída o ausente. 

Las cosas que ver en Babia: 

  • Cascada de Torrestio
  • Casa del Parque Natural Babia y Luna
  • Laguna de las verdes 
  • Museo Etnográfico y de la Trashumancia
  • Mirador de Peña Ubiña
  • Laguna Grande en el Lago de Babia
  • Puente de las Palomas

La naturaleza se muestra en todo su apogeo, donde se puede admirar el espectáculo de sus paisajes, disfrutar de sus rutas de senderismo, de sus rutas para montañeros y del ciclismo.

Tras meses cerrada, la Fundación Patrimonio Natural de Castilla y León abrió la Cantina de la Casa del Parque de Babia y Luna de la mano de un empresario de la hostelería local, que también regenta la Cafetería y restaurante Fuentesanta, en Huergas de Babia.

Apertura deseada por los visitantes de este centro de interpretación del parque y de todos los habitantes de la zona, pues, además de atender a las necesidades propias de un establecimiento de este tipo en un pueblo donde no hay ningún tipo de bar, permitía disfrutar del patrimonio histórico de la Montaña de León.

Ofrece actividades relacionadas con la nieve, como senderismo y disfrute de paisajes nevados, especialmente en invierno cuando los hoteles rurales se preparan para recibir visitantes que buscan disfrutar de la nieve y el paisaje invernal. 

Cuenta con montañas como Babia Góra y áreas como Barroso-Brañarronda, el Alto de Reciecho, Buzongo y Muxiven, donde la nieve puede ser abundante. 

La tranquilidad y desconexión que se puede encontrar en la comarca, es a menudo asociada con la imagen de reyes descansando y cazando en sus montañas. 

Una visita a Babia permite desconectar del día a día, olvidarse de todo y vivir con la naturaleza.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *