
90 años después del levantamiento golpista de militares con el apoyo de terratenientes y de la Iglesia Católica, que trajo consigo una cruenta guerra y 40 años de dictadura franquista con un Estado Nacionalcatólico; 50 años después de la muerte del dictador y 48 de la nueva Constitución, decenas de miles de cadáveres de republicanos asesinados permanecen en las cunetas y la tímida ley de memoria democrática apenas se desarrolla. Ni en esa ley, ni en la mayoría de los manifiestos de los cada vez más numerosos colectivos memorialistas, aparece con claridad el papel de la Iglesia en el golpe a la República y en la represión. Por el contrario, en los últimos años están apareciendo corrientes preocupantes de reivindicación de la dictadura franquista, con tintes ultracatólicos.


