
Cultura Nazca
Es un tema que habla de los orígenes más profundos de la espiritualidad andina. Al igual que en Mesoamérica, el mundo subterráneo era visto como un espacio sagrado, y la música era la llave para interactuar con él.
La música preincaica en cuevas se enmarca en la arqueología musical, una disciplina que sugiere que estos entornos pudieron ser relevantes para prácticas sonoras, pero la evidencia se basa más en el potencial acústico y el simbolismo cultural. Se ha estudiado principalmente a través de los instrumentos hallados en yacimientos arqueológicos y contextos funerarios, y existe una línea de investigación que sugiere que las cuevas y cavernas pudieron haber tenido un papel importante como espacios rituales y acústicos.
No hay evidencia concluyente que vincule la creación musical preincaica dentro de cuevas, los hallazgos en otros contextos y la naturaleza de las prácticas rituales andinas permiten plantear varias posibilidades:
Varias culturas utilizaron cuevas y cavernas para diversos propósitos, que iban desde viviendas temporales y refugios en los períodos más tempranos hasta fines rituales y funerarios en sociedades más complejas.
Su uso realizado como vivienda y refugio en Período Precerámico, y en las etapas más tempranas del poblamiento de los Andes, las cuevas y abrigos rocosos fueron hábitats importantes debido a su protección y proximidad a recursos hídricos y áreas de caza. Sitios como la Cueva de Guitarrero en Áncash son ejemplos clave, que muestran evidencia de ocupación humana del período Precerámico Temprano.
Las culturas preincas fueron civilizaciones que florecieron en los Andes y la costa sudamericana antes del Imperio Inca, como Chavín, Moche, Nazca, Tiahuanaco y Chimú. Se caracterizaron por avances en agricultura, ganadería, cerámica, arquitectura y textilería, y sentaron las bases para el desarrollo de posteriores sociedades, incluido el propio Imperio Inca. Las principales culturas fueron las siguientes:
- Chavín: Considerada una de las primeras culturas panperuanas, se desarrolló en la sierra norte alrededor del 1200 a.C. al 200 a.C. y se caracterizó por un estado teocrático centralizado. La cultura Chavín, aunque no habitaba las cuevas como viviendas principales, integró un complejo sistema de galerías subterráneas en su principal centro ceremonial, Chavín de Huántar. Estas galerías, algunas de las cuales albergan ídolos como el Lanzón Monolítico, se usaban para rituales que probablemente involucraban el uso de sustancias alucinógenas y tenían un papel central en su sistema religioso.
- La cultura Moche que se desarrolló entre el 200 y el 700 d.C. en los valles costeros de los actuales departamentos de La Libertad, Áncash, y se destacó por su avanzada cerámica escultórica y orfebrería.
- La civilización paracas en la costa sur de Perú, es famosa por sus finos textiles y su compleja práctica de deformación craneana. La cultura Paracas fue famosa por sus complejos fardos funerarios encontrados en cámaras subterráneas, a menudo descritas como «cavernas» o pozos. En el sitio de Paracas-Cavernas, se hallaron cientos de fardos que contenían textiles elaborados y restos humanos, lo que indica un uso sofisticado de espacios subterráneos para propósitos rituales y de enterramiento.
- La cultura Nazca, conocida por sus geoglifos, las Líneas de Nazca, también destacó en cerámica y metalurgia, y se desarrolló entre los Andes y la costa.
- La civilización Tiahuanaco, se estableció en el altiplano boliviano, cerca del lago Titicaca, y tuvo una gran influencia cultural en la región, destacando por sus monumentales construcciones de piedra.
- La cultura Wari, fue una civilización panperuana que se desarrolló a partir del 600 d.C. y se expandió por gran parte del territorio andino, adoptando y adaptando la ingeniería hidráulica de las culturas previas.
- La Chimú, desarrollada en la costa norte del Perú, sucedió a los Moche, y alcanzó su apogeo entre los años 1000 y 1470 d.C. Fue famosa por su impresionante ciudad de adobe, Chan Chan.

Pirámides de la cultura Nazca
Muchas cuevas y abrigos rocosos a lo largo de los Andes contienen arte rupestre preincaico, como las Pinturas Rupestres de Toquepala en Tacna, que representan escenas de caza,»chaku» y ofrecen información valiosa sobre la vida y las creencias de estas antiguas culturas. Fueron elementos importantes, con una transición de su uso como hábitats básicos a espacios con un profundo significado simbólico, ritual y funerario a medida que las sociedades se volvieron más complejas.
En la Puna de Salta, actual Argentina, sitios como la Cueva Inca Viejo muestran evidencia de actividades mineras de turquesa y prácticas rituales que continuaron durante la ocupación incaica, destacando la importancia sagrada que estos espacios tenían para las poblaciones prehispánicas.
Las cuevas y cavernas fueron elementos importantes, con una transición de su uso como hábitats básicos a espacios con un profundo significado simbólico, ritual y funerario a medida que las sociedades se volvieron más complejas.
Imagen de un moche
Las propiedades acústicas únicas de las cuevas y cavernas pudieron haber sido utilizadas intencionalmente para amplificar o modificar los sonidos de instrumentos, como flautas y ocarinas, y cantos, creando efectos sonoros que se percibían como sobrenaturales o sagrados, adecuados para ceremonias.
Eran consideradas lugares sagrados en las cosmovisiones andinas, puntos de conexión con la naturaleza y el inframundo (o Ukhu Pacha). La música, que tenía un propósito fundamentalmente ritual y espiritual, probablemente formó parte de las ceremonias que se realizaban en o cerca de estos espacios, aunque los hallazgos de instrumentos específicos dentro de ellas son limitados en comparación con otros tipos de yacimientos.
Los instrumentos musicales preincaicos, como flautas traversas, antaras, quenas de hueso y carrizo, ocarinas y pututos, trompetas de concha, han sido recuperados en diversas excavaciones, incluyendo centros urbanos como Caral, pero su asociación específica con el interior de cuevas en el contexto preincaico es un área de estudio menos documentada que en la prehistoria europea.
En la cosmovisión andina, las cuevas, cavernas y grutas, conocidas como «pacarinas» eran consideradas puntos de origen de los linajes, ayllus, y portales de comunicación con el Uku Pacha, el mundo de abajo, de los ancestros y de las fuerzas generativas de la tierra. Eran lugares de entierro, ofrendas y rituales para propiciar la fertilidad y la conexión con los antepasados. La música en estos espacios no era un concierto, sino un acto de creación y reciprocidad con lo sagrado.
La evidencia arqueológica en contextos de cuevas es más escasa que en Mesoamérica, pero muy significativa. Los principales hallazgos e interpretaciones son:
Antaras de Cerámica Nazca y sus predecesores, la cultura Nazca (100-800 d.C.) es famosa por sus espectaculares flautas de pan o antaras de cerámica. Las antaras de cerámica Nazca, también llamadas zampoñas, que representaban un sofisticado instrumento musical usado en rituales y ceremonias para conectar con lo divino y la naturaleza, destacando por sus elaborados diseños policromos y su habilidad para producir escalas cromáticas, demostrando un profundo conocimiento musical y acústico por parte de esta cultura. Muchas de las mejores conservadas provienen de contextos funerarios, pero también se han encontrado en ofrendas en cuevas y huacas. El sonido de estas antaras, con sus escalas afinadas, no era solo melodiosas, se cree que imitaba los sonidos de la naturaleza, viento, agua, aves, como una forma de invocar a las deidades para que trajeran lluvia a un territorio desértico y tocarlas dentro de una pacarina origen del agua que potenciaba enormemente este ruego.

Cultura Wari
La cultura Moche (100-800 d.C.) dejó un gran legado musical. En entierros de élite en plataformas ceremoniales, que simbólicamente representaban montañas, análogas a las cuevas en su conexión con el Uku Pacha, se han encontrado cornetas de metal, oro, plata, y cerámica que producían un sonido grave, potente y penetrante, a menudo descrito como «aterrador». En el contexto de una cueva o una tumba, este sonido sería la voz del mismo Uku Pacha, utilizada en rituales para invocar a los dioses o en procesiones fúnebres para guiar al difunto.
Las Zampoñas y Flautas de los Desarrollos Regionales e Horizontes anteriores, en culturas como Chavín (1200-200 a.C.), el primer gran horizonte cultural, utilizó la música como un elemento de poder dentro de su centro ceremonial, que incluía galerías subterráneas. El famoso Lanzón Monolítico se encuentra en un cruce de galerías oscuras, donde el sonido de las pututus, trompetas de caracol, y las flautas debía crear una experiencia sensorial abrumadora. Se han encontrado flautas traversas y de pan de hueso y cerámica en contextos domésticos y rituales en muchas culturas, Paracas, Lima, etc. Es probable que se usaran también en ceremonias en cuevas naturales, aunque la evidencia directa es difícil. Las quenas o flautas de pico y las ocarinas eran Instrumentos de viento simples como quenas y ocarinas de cerámica o hueso son hallazgos comunes. Su sonido, más íntimo y melodioso, pudo haber sido usado para invocaciones más personales o en rituales chamánicos dentro de las cuevas.
La música en las Cuevas Preincaicas era para la comunicación con el Uku Pacha y los Ancestros. El sonido, especialmente los graves de las cornetas y pututus, resonaba en las cavernas, simulando la voz de los dioses de la tierra, como Pachamama, y de los antepasados fundadores del ayllu.
La propiciación de la fertilidad, donde las pacarinas eran fuentes de agua y vida. La música era una ofrenda sonora para pedir por la fertilidad de los campos, el ganado y la comunidad. El sonido «activaba» el poder generativo de la tierra.
En los rituales chamánicos y de trance, la oscuridad, el aislamiento y la acústica reverberante de las cuevas eran el escenario perfecto para que los chamanes o sacerdotes utilizaran el sonido rítmico y monótono de sonajas o tambores para inducir estados de trance y viajar al mundo de los espíritus.
La música demarcaba el espacio y el tiempo sagrado durante las ceremonias que se realizaban en las cuevas, señalando el inicio y el fin de los ritos y uniendo a la comunidad en una experiencia sonora compartida.
Para las culturas preincaicas, las cuevas no eran lugares de silencio, sino cámaras de resonancia cósmica. La música ejecutada en su interior, desde los agudos de una antara Nazca hasta el grave estruendo de una corneta Moche, era un elemento vital de reciprocidad con el mundo espiritual. Era el medio para dar voz a la tierra, para pedirle vida, para honrar a los muertos y para reafirmar el vínculo del ayllu con su pacarina de origen.
La evidencia arqueológica muestra que el paisaje sonoro andino estaba profundamente ligado a la geografía sagrada, siendo las cuevas uno de los escenarios más importantes para esta sinfonía ritual.


