El clima, la vida, y la gastronomía en el paleolítico, en la Sierra de Gredos

El Paleolítico abarca desde hace 2.5 millones de años hasta 10,000 a.C., las épocas del Pleistoceno Inferior, Medio y Superior, caracterizadas por ciclos glaciares e interglaciares.

La Sierra de Gredos, como parte del Sistema Central en la Península Ibérica, tuvo una evolución climática y humana durante el Paleolítico fuertemente marcada por las fluctuaciones glaciares del Pleistoceno. Su altitud con cumbres que superan los 2.500 m la convirtió en un escenario sensible a los cambios climáticos globales.

Durante las fases más frías y húmedas de las glaciaciones especialmente durante la Glaciación Würm, correspondiente al último ciclo glaciar, 110,000 – 12,000 a.C., los circos y valles altos de Gredos estuvieron ocupados por glaciares de circo y valle. No hubo un casquete glaciar que cubriera toda la sierra, sino un sistema de glaciares independientes. El glaciar de Gredos, en la vertiente norte del Pico Almanzor, fue el más extenso, llegando a descender hasta los 1,450 m de altitud.

Por encima de los 1.600-1.800 m. dominaba el hielo y el frío extremo, con procesos de fragmentación de la roca por el hielo muy activos. Entre el frente glaciar y las zonas bajas, se extendía un entorno periglaciar muy riguroso. El suelo estaba permanentemente helado, con intensa actividad de deslizamiento del suelo saturado en agua. La vegetación sería de tipo tundra alpina o estepa fría, con líquenes, hierbas resistentes y algunos arbustos.

En los piedemontes y valles fluviales como el del Tormes, Tiétar o Alberche, durante las fases glaciares el paisaje sería de estepa fría o bosque estepario, con coníferas adaptadas al frío y abundantes herbáceas. En los períodos interglaciares, los bosques de robles y encinas se expandirían desde los refugios del sur.

La ocupación humana y culturas del Paleolítico estuvo condicionada por estos drásticos cambios climáticos, siendo más intensa en los períodos templados y en las zonas bajas y protegidas.

El Paleolítico Inferior hasta 200,000 a.C., la evidencia de humanos es muy escasa y controvertida por zonas de montaña. La ocupación se limitaría a periodos interglaciares cálidos, cuando el clima permitía la penetración de grupos de cazadores-recolectores Homo heidelbergensis y neandertales tempranos.

Buscaban materias primas como cuarcitas y sílex y seguirían manadas de herbívoros en sus migraciones estacionales. Los hallazgos son principalmente herramientas líticas aisladas como bifaces, lascas en terrazas fluviales y superficies alteradas, no en yacimientos en cueva.

En el Paleolítico Medio, Musteriense, 200.000 – 40.000 a.C., asociado a los neandertales, la ocupación fue mayor, aunque episódica y vinculada a fases climáticas favorables. Utilizaban abrigos rocosos y cuevas bajas en los piedemontes y valles circundantes como campamentos temporales de caza. Se han encontrado herramientas musterienses como raederas, puntas, denticulados en yacimientos como la Cueva del Caballo en Avila en el valle del Alberche. Su economía se basaba en la caza de herbívoros, ciervos, cabras, uros y la recolección.

En el Paleolítico Superior 40.000 a 10.000 a.C. asociado al Homo sapiens, este período coincide con el último máximo glacial y la posterior deglaciación. La ocupación humana se hace más visible y estratégica.

Durante el Máximo Glacial 25.000-18.000 a.C., las zonas altas de Gredos eran inhóspitas. Los grupos humanos se concentraban en los valles más bajos y protegidos, actuando Gredos como una barrera natural y una posible reserva de caza estacional en verano.

Con el calentamiento del Tardiglaciar, a partir de 15,000 a.C., el retroceso de los glaciares abrió nuevos territorios. Es en esta fase cuando se da la mayor ocupación, especialmente durante el Magdaleniense, 15.000-12.000 a.C. Los grupos de cazadores-recolectores altamente especializados explotaban sistemáticamente los recursos de la montaña.

El Arenal de la Virgen, aunque no está en Gredos propiamente dicho, es el yacimiento más importante del Paleolítico Superior en su entorno y muestra el modelo de ocupación. Un abrigo en valle fluvial usado como campamento base desde el que se organizaban partidas de caza especializada en la cabra montés, animal muy abundante en las sierras. En Gredos, se esperaría un patrón similar, aunque los yacimientos conocidos son menos espectaculares herramientas líticas y restos de fauna en abrigos.

El Epipaleolítico/Mesolítico, tras 10.000 a.C., con el clima ya templado del Holoceno, los glaciares desaparecieron y los bosques subieron de altitud. Los grupos humanos, con culturas geométricas como el Aziliense y después el Neolítico, adaptaron sus herramientas y economía a un entorno forestal, manteniendo una importante actividad cinegética en la sierra.

En la interacción clima-cultura, la presencia humana fue intermitente, concentrada en periodos interglaciares e interestadios templados. Durante los picos glaciales, la sierra alta era evacuada.

No era un lugar de residencia permanente, sino un territorio de explotación estacional, en las estaciones cálidas para la caza de ungulados de montaña y la obtención de materias primas líticas.

Gredos actuó como una barrera biogeográfica que condicionó los movimientos de fauna y humanos, pero también como un refugio para especies adaptadas al frío, durante los periodos cálidos, y viceversa.

En el Paleolítico Superior, aumenta la caza especializada y planificada de la cabra montés, indicando un profundo conocimiento del territorio y el comportamiento animal.

A diferencia de otras regiones cantábricas o mediterráneas, no se ha documentado arte rupestre parietal paleolítico en Gredos. El arte mueble grabados en plaquetas u objetos, podría existir, pero no está identificado de forma prominente.

Como conclusión, durante el Paleolítico, la Sierra de Gredos fue un paisaje dinámico y extremo, moldeado por el hielo y el frío, que condicionó la vida humana. Los grupos paleolíticos la integraron en sus territorios de caza de forma oportunista y estacional, siendo el Magdaleniense tardío, con el clima ya en mejora, el momento de mayor interacción entre los cazadores-recolectores modernos y los ecosistemas post glaciares de esta emblemática sierra. La investigación arqueológica en zonas de montaña es compleja, por lo que el panorama actual es fragmentario y sujeto a nuevos descubrimientos.

Por su altitud, clima y recursos, las diferentes revoluciones tecnológicas y socioeconómicas, el Paleolítico, Mesolítico, Neolítico y Edad de los Metales transformaron la dieta de sus habitantes.

La vida de los primeros pobladores durante el Paleolítico está marcada por una adaptación al entorno de alta montaña, riguroso, pero rico en recursos. No eran asentamientos permanentes, sino grupos nómadas de cazadores-recolectores que aprovechaban los ciclos naturales.

En el paleolítico y mesolítico, los cazadores-recolectores, utilizaban una técnica muy antigua que era simplemente poner un trozo de carne directamente sobre las llamas, chamuscando la superficie, pero sin cocer bien el interior.

Hablamos del Paleolítico Superior, desde hace unos 40.000 hasta 10.000 años aproximadamente, coincidiendo con la llegada del Homo sapiens y, antes, posiblemente con los Neandertales.

Era el periodo de la última glaciación, el clima era mucho más frío, con glaciares en las cumbres más altas, como el Circo de Gredos y bosques de coníferas y praderas alpinas en altitudes medias.

Había grupos pequeños de 20 a 30 individuos, altamente móviles. Su vida dependía del seguimiento de las manadas de herbívoros, y la dieta era predominantemente carnívora, complementada con lo que ofrecía el entorno. La caza mayor era el recurso principal, siendo la cabra montesa, la presa más importante. Adaptadas a la roca, eran la fuente principal de carne, grasa, huesos, para herramientas y pieles. Los ciervos y corzos cazados en los valles y laderas boscosas, los uros y bisontes, los grandes herbívoros que pastaban en las zonas más abiertas, requerían estrategias grupales su caza. Los caballos salvajes eran otra presa importante en las praderas. Caza Menor como liebres, conejos y aves como la perdiz nival o la chova piquirroja, constituían sus presas


En los ríos y lagunas de montaña, pescaban truchas y otros peces, aunque su importancia sería menor que la caza. Aunque escasa en alta montaña, recolectaban bayas silvestres como arándanos, endrinas, frutos secos como bellotas, avellanas, piñones en cotas bajas, hongos, raíces y plantas comestibles en verano.

En primavera-verano, subían a los puertos y pastos de alta montaña siguiendo a las manadas de cabras y ciervos. Era la época de máxima actividad, con más recursos disponibles. Los abrigos rocosos y cuevas en la sierra, eran usados como campamentos estacionales.

En otoño-invierno, descendían a los valles circundantes como el del Tiétar al sur y el del Alberche al norte, o a la Meseta Norte. El clima en la sierra era extremo, con nieve que bloqueaba el paso y hacía desaparecer a los animales. En los valles, la caza y la recolección seguían siendo posibles.

No construían viviendas, utilizaban abrigos rocosos y cuevas naturales como refugio temporal. Estos lugares ofrecían protección contra el viento, la lluvia y los depredadores. El yacimiento más importante que atestigua esta ocupación es la Cueva del Aguila, en la vertiente sur, y otros abrigos menos conocidos.

En cuanto a herramientas y tecnología, utilizaban la piedra, el sílex y cuarcita. Fabricaban láminas finas para cortar carne y trabajar pieles, raederas para limpiar los huesos y las pieles, y puntas de lanza y más tarde, de flecha para cazar.

Con huesos y astas, fabricaban azagayas o punzones, arpones para pescar y agujas para coser pieles, lo que indica ropa adaptada al frío. Su vestimenta era Impermeable y abrigada, confeccionada con pieles de los animales cazados cosidas con tendones y agujas de hueso.

La vida social era de cooperación total para la caza, el procesado de las presas y la crianza. Eran sociedades igualitarias.

Aunque en Gredos no se han hallado grandes santuarios rupestres como en el norte de España, es probable que realizaran arte mueble, grabados en hueso o plaquetas de piedra y arte rupestre en abrigos menos visibles. También usarían adornos personales como collares de conchas y dientes de animales.

Por otra parte, enterraban a sus muertos lo que sugiere creencias espirituales y rituales.

Pronto descubrieron las ventajas de cocinar con brasas, calor más uniforme, y de usar piedras calientes sobre la que podían colocar carne sobre una losa plana calentada en el fuego, como una plancha primitiva o echar piedras calientes dentro de un recipiente con agua y carne, para hacer un cocido primitivo, si tenían recipientes resistentes al fuego.

En la Meseta hacia el 3000 a.C., aunque no haya datos, los estudios de la Prehistoria en la Meseta permiten deducir cómo era la dieta de las comunidades agroganaderas de la época.

En agricultura el cultivo de cereales como el trigo y la cebada, la ganadería estaba formada por la cría de animales domésticos como ovejas, cabras, cerdos y vacas, la recolección de frutos silvestres, bellotas y plantas, la caza y pesca, aprovechaban la fauna local, ciervos y jabalíes y los recursos fluviales.

En el Paleolítico, antes del año 10.000 a.C., los cazadores-recolectores estaban especializados en grupos nómadas o semi-nómadas, que seguían a los grandes herbívoros y explotaban los recursos estacionales.

La base alimenticia era la caza mayor, principalmente cabra montés, el ciervo y el corzo. También el Uro, antepasado del toro, en zonas más bajas y el jabalí. La carne se consumía fresca, pero también se secaba y ahumaba para conservarla. La caza menor como liebres, conejos que eran muy abundantes y aves acuáticas y terrestres como urogallos y perdices.

Las bayas y frutos del bosque como arándanos, endrinas, majuelas, y bellotas que requerían tratamiento para eliminar taninos, raíces, setas estacionales y plantas silvestres comestibles como la verdolaga, collejas.

En los ríos y gargantas de Gredos, Tormes, Alberche, etc., se pescaban truchas y barbos con métodos rudimentarios.

La carne se asaba directamente al fuego, en hornos de tierra o ahumada, y se utilizaba las pieles como recipientes para caldos o para fermentar. El canibalismo documentado en el yacimiento del Abrigo del Milano, Buitrago de Lozoya, aunque próximo a Gredos, sugiere complejos rituales donde el consumo humano podría tener un significado trascendente.

En el Mesolítico, del año 10.000 al 5.500 a.C., con el fin de la glaciación, y la retirada de los grandes rebaños, los grupos se vuelven más pequeños y móviles, intensificando la explotación de recursos diversos y la base alimenticia, disminuyendo de la caza mayor, aún importante. Es la explosión de la caza menor, cuando el conejo se convierte en un recurso fundamental.

Se produce una mayor dependencia de frutos, semillas y raíces, recolectándose bellotas y avellanas, base calórica importante. También se produce el marisqueo de agua dulce con recogida de cangrejos de río y moluscos de agua dulce en los cursos fluviales.

Se perfeccionaron métodos para procesar vegetales duros con morteros y machacadores de piedra. Se elaboraban gachas o panes rudimentarios a partir de bellotas trituradas y lavadas.

En el neolítico del 5.500 al 2.500 a.C., con la lenta adopción de la agricultura y la ganadería, se pasa al sedentarismo, en asentamientos estables en valles y zonas menos abruptas de la sierra. Como novedades gastronómicas, en la agricultura se Introduce el trigo y la cebada, y legumbres como lentejas y guisantes. Su cultivo en altura será limitado, más viable en las estribaciones y valles.

La domesticación de la cabra y la oveja, perfectamente adaptadas a la montaña que proporcionan leche, carne y pieles y también el cerdo.

Aparece la cerámica, que revoluciona la cocina para hacer guisos, hervir alimentos, almacenar líquidos y grano.

La dieta ya no dependía solo de la caza, se combinaba con la carne de ganado, los cereales, gachas, potajes. La leche y sus primitivos quesos, se incorporan a la alimentación. La recolección y la caza, especialmente de conejo, siguen siendo muy importantes.

En la edad de los Metales, Calcolítico, Bronce, Hierro y Periodos Históricos posteriores, aparece una mayor complejidad social con una jerarquización y un mayor desarrollo de la metalurgia. Aparecen los castros fortificados en lugares elevados, como el Cerro del Berrueco, en El Raso.

Los avances gastronómicos empezaron por nuevos cultivos, introdujeron el mijo y sobre todo el centeno, cereal muy resistente al frío que se adaptaría bien a las zonas altas de Gredos, y también la avena. El uso de molinos de vaivén y luego rotativos para hacer harina más fina, que permite un pan más parecido al actual.

En la Edad del Hierro los Vetones, son los pobladores de Gredos antes de Roma. Eran un pueblo prerromano del occidente ibérico, aproximadamente las actuales Ávila, Salamanca, Cáceres, y parte de Portugal, y sus predecesores nos dejaron las primeras evidencias arqueológicas de lo que podríamos considerar el origen del asado o barbacoa en España. Su gastronomía se basaría en el ganado vacuno y porcino, para la obtención de carne, leche y queso.

Con respecto a los productos lácteos, elaboraban quesos curados en las cuevas y chozas de la sierra, antecedente del queso de cabra de Gredos.

Las bellotas seguirían siendo un complemento crucial, especialmente para engordar cerdos. Fue frecuente la producción de cerveza primitiva de cebada o algún tipo de hidromiel.

En cuanto al legado de la gastronomía de la Sierra de Gredos, nos muestra una gran continuidad desde la Prehistoria, siendo la cabra montés, y el ganado caprino, de ser el principal animal cazado en el Paleolítico a ser el principal animal domesticado, desde Neolítico en adelante. El queso de cabra es el legado vivo más claro. El conejo fue un plato de importancia de la cocina serrana, al ajillo o estofado. Los frutos del bosque eran utilizados para hacer mermeladas y postres basados en arándanos y endrinas.

Las gachas y potajes evolucionan desde las gachas neolíticas de harina tosca a platos como las patatas o el caldo de matanza, donde lo esencial sigue siendo un guiso nutritivo y reconfortante. La Bellota era recolectada y procesada para el engorde del cerdo ibérico, cuyo jamón es hoy un icono en las estribaciones de Gredos. La trucha y los cangrejos que siguen siendo parte fundamental de la cocina de río.

La gastronomía evoluciona con cada periodo histórico, añadiendo una capa sin borrar completamente la anterior. La adaptación al medio montañoso y el aprovechamiento de sus recursos específicos, cabra, conejo, trucha, bellota, centeno, crearon una tradición culinaria cuyas raíces se hunden directamente en el Paleolítico

 En el Neolítico surgen los primeros agricultores y ganaderos domesticando ovejas, cabras, cerdos, vacuno y la carne para asar se volvió más regular.

La cerámica permitió hervir, pero el asado siguió siendo preferido para celebraciones por su sabor y por la imposibilidad de cocinar piezas muy grandes en una olla.

Se perfeccionó la técnica del horno de fosa, ideal para cocinar para muchos, sin necesidad de vigilancia constante, mientras se hacían otras tareas.

En la edad del bronce surgen los Castros, y los predecesores directos de los vetones, habitantes de los primeros castros, poblados fortificados en cerros, ya usaban el fuego en hogares centrales de sus cabañas. Se generaliza el uso de espetones metálicos de bronce, más eficientes que los de madera. Aparecen también los primeros soportes para colocar ollas sobre el fuego, lo que diversifica las formas de cocinar.

En la edad de Hierro los vetones, perfeccionan y ritualizan estas técnicas. El asado al espetón de grandes piezas, especialmente de cerdo y vacuno sobre brasas de leña de encina se convierte en su seña de identidad culinaria y social. Los «verracos» son el testimonio pétreo de la importancia de ese ganado. Heredaron técnicas de pueblos mucho más antiguos que ellos, desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce.

Los romanos, al conquistar Hispania, describieron las costumbres de estos pueblos y adoptaron algunas de sus técnicas. Esta tradición de asar grandes piezas de carne al aire libre sobre fuego de leña nunca se perdió en la Meseta y el occidente ibérico, evolucionando a lo largo de los siglos hasta convertirse en la base de las tradiciones actuales del asado castellano, la caldereta extremeña, el cocido maragato que, aunque es hervido, parte de una cultura ganadera similar y en última instancia, de la barbacoa tal y como la conocemos hoy.

Los primeros hombres de Gredos eran cazadores especializados en la alta montaña, cuyo ciclo de vida era un péndulo estacional entre la sierra y el valle. Su dieta se centraba en los caballos de monte y otros grandes herbívoros y su éxito dependió de un conocimiento profundo del territorio, de los animales y de una tecnología lítica eficaz.

Su legado no fue de grandes monumentos, sino ser los primeros exploradores y pobladores de un entorno agreste, sentando las bases de una relación entre el ser humano y la sierra que duraría milenios. Los hallazgos arqueológicos, herramientas de piedra, restos de hogueras, huesos de animales con marcas de corte, en los abrigos de la sierra son la prueba muda de su fascinante adaptación.

El clima en la Sierra de Gredos durante los últimos 40.000 años del Paleolítico desde el 38.000 a.C. hasta el 8.000 a.C. estuvo marcado por fluctuaciones climáticas extremas, que determinaron la presencia humana, la fauna y el paisaje. Este periodo abarca desde el Paleolítico Medio con los últimos neandertales hasta el Paleolítico Superior y el Epipaleolítico Homo sapiens, terminando con la transición al Holoceno.

En el Paleolítico Medio, de 40.000 a 30.000 a.C., fue la de los últimos neandertales, un periodo de inestabilidad con alternancia de fases frías y templadas.

Hace 40.000 años en las glaciaciones, la temperatura media de los mares  bajo varios grados, a la vez que descendía el nivel del agua, y se acumulaba en forma de hielo en los casquetes glaciares. El del Artico se extendió por Europa llegando casi hasta Londres. En La Sierra de Guadarrama existieron pequeños glaciares en las vertientes sur, donde las precipitaciones debieron ser mayores.

En las zonas climáticamente más favorables, el Homo Sapiens alcanzó una gran habilidad en la elaboración de sus útiles de caza y herramientas talladas en piedra.

Estas oscilaciones climáticas serían debidas a modificaciones de la inclinación del eje de la Tierra respecto al plano que contiene su órbita alrededor del sol.

En la Península Ibérica las lluvias fueron más abundantes y más repartidas a lo largo del año que ahora, acompañadas además de temperaturas más altas. Esto hizo que la mayor parte del territorio se cubriese de un bosque impenetrable de árboles y arbustos, abundando alcornoques, robles, encinas, enebros, y quizá hayas en los lugares más frescos.

Bajo el bosque se desarrolló una extensa cubierta de suelos de color pardo, desaparecidos hoy en las zonas elevadas, de donde el agua los arrastró tras la deforestación, el pastoreo intenso y la agricultura de los últimos siglos. Parte de los materiales fértiles han ido a acumularse en las zonas bajas, mejorando su productividad.

La zona con altitudes por encima de los 2.000 m, probablemente tuvo glaciares de circo en las cumbres más altas del Almanzor. Los valles medios y bajos eran estepas frías con algún bosque aislado de coníferas.

Los grupos neandertales aprovecharían los recursos de media montaña, cazando animales como cabras montesas, ciervos y posiblemente rebecos, siguiendo sus migraciones estacionales.

En el paleolítico Superior 30.000 – 14.000 a.C., sucedieron la llegada del Homo sapiens y ultimo Máximo Glacial. El clima era extremadamente frío y seco, lo que propiciaba un avance de los glaciares en Gredos. Se formaron glaciares de valle en las zonas altas, lenguas glaciares que descendían hasta 1.200-1.400 m. Por encima de los 2.500 m, hielo permanente.

Por debajo de los glaciares, la tundra alpina y estepa fría era dominada por gramíneas, artemisia y pequeños arbustos. Pocos árboles solo algunos pinos y abedules resistentes en refugios.

La fauna estaba formada por mamuts lanudos, rinocerontes lanudos, renos escasos en esta latitud, caballos, bisontes esteparios, uros y cabras montesas.

La presencia humana, era escasa o nula en las zonas altas durante el pico glacial. Los grupos de cazadores-recolectores en las culturas como el Solutrense, 21.000-17.000 a.C., probablemente usaron los valles más bajos y protegidos de Gredos como refugio estacional, siguiendo manadas.

Al final del Paleolítico Superior 14.000 – 10.000 a.C., se produce una mejora climática. El clima con un calentamiento que supuso un retroceso rápido de glaciares, que quedaron confinados a los circos más altos.

La expansión de bosques fue de pinos, abedules y luego robles y avellanos en cotas bajas y medias. La estepa da paso a paisajes más arbustivos.

El Magdaleniense, desde 16.000 a.C. dejó arte rupestre en zonas cercanas, Cueva de Chufín, en Cantabria, pero no en Gredos propiamente, donde hay escasos yacimientos de este periodo, aunque sí en la Meseta Sur.

Desde el año 12.700 – 11.700 a.C., el clima supuso la vuelta a condiciones frías y secas, con una pequeña reactivación de glaciares. Hubo una reducción de la ocupación humana en altura, pero con continuidad en los valles.

El Epipaleolítico – Mesolítico, 11.700 a 8.000 a.C. supuso un calentamiento definitivo y rápidos retrocesos glaciares, dejando huellas geomorfológicas. Los bosques mediterráneos de encinas y robles, suben en altitud, mezclándose con pinos silvestres.

Grupos humanos adaptados a los bosques, culturas como el Geométrico Microlaminar, caza menor y recolección intensiva. Hubo un aumento demográfico y uso más intenso de la sierra.

Las formas glaciares, morrenas, circos, lagunas como la Laguna Grande de Gredos son el principal testigo del clima frío del Pleistoceno. Estudios en lagunas y turberas de Gredos, por ejemplo, en la Serrota, muestran secuencias de polen que confirman la sucesión de estepa fría a bosque boreal y a bosque mediterráneo.

Los yacimientos arqueológicos fueron escasos para el Paleolítico en altura, pero importantes en piedemonte y valle del Alberche. La Cueva del Bohil Ávila tiene ocupación del Paleolítico Superior.

Resumen climático por fases:

En los años 40.000-30.000 a.C., el frío fue moderado e inestable.

Del 30.000-19.000 a.C., muy frío, con un máximo glaciar.

Del 19.000-14.000 a.C., se inicia la desglaciación inicial pero aún frío.

Del 14.000-12.700 a.C., el calentamiento se deja sentir.

Del 12.700-11.700 a.C., retorno del frío.

Desde 11.700 a.C., el clima se vuelve templado, crecen los bosques y es el fin de la era glacial.

La Sierra de Gredos fue un entorno dinámico y a menudo hostil durante el Paleolítico, con condiciones que variaron desde tundras glaciares hasta bosques templados.

Su ocupación humana fue probablemente estacional y oportunista, concentrada en los valles más bajos durante los picos glaciales, y expandiéndose a mayor altitud durante los períodos templados, siempre ligada a la caza de herbívoros y los recursos líticos como el cuarzo y el sílex.

La falta de yacimientos paleolíticos abundantes en alta montaña sugiere que fue un territorio de tránsito y caza especializada, no de ocupación permanente hasta el Neolítico.

Cuando en España se hace un cordero o cochinillo asado en un horno de leña, o un chuletón a la brasa, se está practicando una tradición que, se remonta directamente a vetones y a los pueblos que los precedieron, alrededor de un fuego, compartiendo la pieza de caza o del ganado

 

 

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