
El último periodo glacial tuvo lugar hace unos 11.000 años
El estudio analizó los ciclos naturales del clima del planeta durante un período de un millón de años, lo que proporcionó nuevos conocimientos sobre el sistema climático dinámico de la Tierra, y que representan un cambio radical en la comprensión hasta ahora existente sobre los ciclos glaciares del planeta.
El equipo estudió un registro de un millón de años de evolución climática, que muestra los cambios producidos en el tamaño de las capas de hielo terrestres en todo el hemisferio norte, así como en la temperatura de los océanos. Los científicos pudieron explicar estos cambios por pequeñas variaciones cíclicas en la forma de la órbita de la Tierra alrededor del Sol, su oscilación y el ángulo en el que se inclina su eje.
Un cambio en la órbita de la Tierra fue responsable del final de las edades de hielo, mientras que otro de esos cambios provocó su regreso
Existe un patrón predecible a lo largo del último millón de años para explicar el momento en que el clima de la Tierra cambia desde las glaciaciones a los períodos templados y cálidos como el actual, llamados interglaciares. Un determinado tipo de cambio en la órbita de la Tierra fue responsable del final de las edades de hielo, mientras que otro de esos cambios provocó su regreso.
Las predicciones de un vínculo entre la órbita de la Tierra alrededor del Sol y las fluctuaciones entre las condiciones glaciales e interglaciales existen desde hace más de un siglo, pero fueron confirmadas por datos reales a mediados de la década de 1970.
Desde entonces, los científicos han identificado con precisión qué parámetro orbital es el más importante para el comienzo y el final de los ciclos glaciales, debido a la dificultad de datar los cambios climáticos tan atrás en el tiempo.
El equipo de investigadores pudo superar este problema observando el registro climático a lo largo de un largo periodo de tiempo. Esto les permitió identificar cómo los diferentes parámetros encajan entre sí para producir los cambios climáticos observados.

Parámetros orbitales y glaciaciones
Cada glaciación de los últimos 900.000 años ha seguido un patrón predecible que en ausencia de emisiones de gases de efecto invernadero humanas, sugiere que actualmente deberíamos estar en medio de un interglacial estable, y que la próxima era glacial comenzaría dentro varios milenios, aproximadamente en 10.000 años.
El patrón que hemos encontrado es tan reproducible que hemos podido hacer una predicción precisa de cuándo ocurrió cada período interglacial del último millón de años aproximadamente y cuánto duró cada uno. Esto confirma que los ciclos naturales de variación climática que observamos en la Tierra a lo largo de decenas de miles de años son en gran medida predecibles y no aleatorios. Estos hallazgos representan una importante contribución a una teoría unificada de los ciclos glaciares.
Ahora vivimos en un período interglacial, llamado Holoceno, y se puede hacer una predicción inicial de cuándo nuestro clima podría volver a un estado glacial.
Es poco probable que se produzca una transición de ese tipo a un estado glacial en 10.000 años, porque las emisiones humanas de dióxido de carbono a la atmósfera ya han desviado el clima de su curso natural, con impactos a largo plazo.
Entre las muchas explicaciones fallidas que tratan de explicar el calentamiento actual del sistema climático, no faltan aquellas que buscan una justificación en los cambios orbitales de nuestro planeta, los famosos ciclos de Milankovitch.
La contribución actual de estos ciclos es la de enfriar pero, a una magnitud y ritmo tan lentos, que apenas compensan el calentamiento de origen antropogénico.
Los ciclos de Milankovitch, son cambios cíclicos en la posición relativa de la Tierra respecto al sol. A comienzos del siglo XX el serbio Milutin Milankovitch sugirió acertadamente que estas variaciones orbitales podrían ser responsables de cambios climáticos, en concreto de la alternancia entre diferentes glaciaciones separadas por periodos interglaciales.
El primer ciclo alude a la excentricidad de la órbita terrestre. En periodos de cien mil años, la forma de la órbita cambia de ser casi circular a ser ligeramente elíptica y viceversa. La excentricidad es la razón por la cual las estaciones del año son ligeramente diferentes, siendo el verano del hemisferio norte unos 4.5 días más largo que su invierno. Según decrece la excentricidad, la duración de las estaciones tiende a ser similar. En el momento presente nuestro planeta alcanza el punto más cercano al sol , perihelio, en torno al 3 de enero y el punto más alejado en torno al 4 de julio, lo que supone una diferencia del 6.8% en la energía recibida. Cuando la órbita presenta su mayor excentricidad, esta diferencia se eleva hasta el 23%. Actualmente la excentricidad está disminuyendo lentamente y volviéndose más circular.

El segundo ciclo alude a la oblicuidad del eje terrestre, el cual cambia su inclinación respecto al plano orbital en periodos de 41 000 años. El ángulo de inclinación varía entre 22.1 y 22.4 grados. Cuanto mayor es la inclinación más extremas son las estaciones del año, recibiendo mayor cantidad de energía en verano, cuando el hemisferio correspondiente apunta hacia el sol, y menor en invierno, cuando apunta hacia fuera del sol. A inclinaciones bajas los veranos son cada vez más suaves permitiendo que, en latitudes altas, parte de la nieve caída en invierno pueda sobrevivir incrementando el espesor de los glaciares y los casquetes polares. En otras palabras, ángulos bajos favorecen periodos fríos, glaciaciones. La inclinación actual es de 23.5 grados, a medio camino entre los dos extremos, y está disminuyendo lentamente.

El tercer ciclo alude a la precesión. A medida que la Tierra rota, también se tambalea y su eje describe un círculo cada 26 000 años aproximadamente, incrementando el contraste de las estaciones en un hemisferio a medida que va disminuyendo en el otro. En el momento presente, el perihelio se alcanza durante el invierno del hemisferio norte y el verano del hemisferio sur, provocando que los veranos del hemisferio austral sean más cálidos mientras que en el hemisferio boreal los contrastes sean menos marcados. Dentro de 13 000 años aproximadamente estas condiciones se invertirán y el hemisferio norte recibirá gran cantidad de radiación solar en verano mientras que el sur tornará más moderado.

Además de la precesión del eje terrestre existe una segunda precesión relacionada con el eje del plano de la órbita, con ciclos de 112 000 años. El efecto combinado de ambos genera ciclos de unos 23 000 años.
Los ciclos orbitales contribuyen al enfriamiento del sistema climático
Los ciclos de Milankovitch producen unos desequilibrios energéticos que son extremadamente débiles y lentos, de modo que el planeta “tarda en reaccionar” varios milenios. En la gráfica siguiente puede observarse que hace 45 000 años el desequilibrio energético comenzó a ser positivo, es decir, el planeta comenzó a ganar energía. Sin embargo, la cantidad que ganaba era tan minúscula y tan lenta que el clima terrestre necesitó al menos 25 000 años para acumular la suficiente cantidad que hiciese posible la transición hacia el fin de la glaciación. Desde hace unos 10 000 años, los ciclos orbitales contribuyen a la pérdida de energía en el planeta y, sin embargo, el descenso de temperatura es muy muy leve.
Por tanto, el actual calentamiento global no puede explicarse como reacción a los ciclos de Milankovitch debido a dos razones principales:
En el presente, estos ciclos están contribuyendo a enfriar el planeta y no a calentarlo. Así lo harán al menos durante los próximos diez milenios. La energía ganada y el ascenso de temperatura del planeta los dos últimos siglos son cientos de veces más rápidos y potentes de lo que cabría esperar de los ciclos orbitales. En la gráfica anterior, por ejemplo, los desequilibrios energéticos generados por los ciclos oscilan en unos 0.03 W/m2en 50 000 años y, sin embargo, el planeta ganó 2.72 W/m2 entre 1750 y 2019. Por tanto, la causa del calentamiento global no es debida a los ciclos de Milankovitch. Los ciclos de Milankovitch crean un desequilibrio energético muy débil y persistente durante milenios
La energía ganada en el planeta en los últimos tres siglos es aproximadamente cien veces superior a las variaciones energéticas introducidas por los ciclos orbitales en los últimos 50.000 años


