La aventura de los primeros humanos – Los antecesores del homo sapiens

La historia de la evolución de los homínidos no es de especies únicas que se sucedieron unas a otras, es más bien la de un complejo mosaico de diferentes actores en que probablemente muchos de ellos se entrecruzaran y/o se solaparon en distintos momentos. La fase final de la evolución de la especie humana está presidida por especies humanas inteligentes, que durante un largo período convivieron y compitieron por los mismos recursos, como el Hombre de Neanderthal, Homo neanderthalensis, la especie del homínido de Denisova y el Homo sapiens.Los entornos del Paleolítico o la Edad de Piedra, eran dinámicos y las poblaciones se movían, interactuaban y, a veces, incluso se mezclaban.

¿Cuántos tipos diferentes de seres humanos han existido? Esta es una gran pregunta y los antropólogos aún no se ponen de acuerdo. Los investigadores han desenterrado fósiles de unos 6.000 homínidos en total, y solo unos pocos han aportado alguna evidencia genética. Intentan averiguar cuáles representan especies nuevas, a veces a partir de un solo cráneo o el hueso de un dedo.

En el árbol genealógico humano, el género Homo, se remonta unos 3 millones de años e incluye más de una docena de especies de homínidos, incluidos los humanos modernos: los Homo sapiens.

La familia extensa de los homínidos, que incluye al género Ardipithecus, se remonta unos 6 millones de años.

Describimos cinco homínidos que contribuyeron a la historia de la evolución humana, con los que quizás estés menos familiarizado y que muestran cuán diverso fue el paisaje humano antiguo.

Homo Rudolfensis

La designación se basa en un solo espécimen, un cráneo, 1,9 millones de años y proviene de Koobi Fora, en lo que hoy es Kenia. Originalmente, el cráneo se le atribuyó a la especie Homo habilis, el miembro más antiguo que se conoce del género humano. Sin embargo, hubo algunos problemas con esto: primero, la cavidad del cráneo era muy grande.

Los otros especímenes de Homo habilis que habían tenían cerebros de alrededor de 500 centímetros cúbicos; el Homo rudolfensis tenía un cráneo que habría albergado unos 700 centímetros cúbicos de cerebro. El espécimen de H. rudolfensis también tenía dientes más grandes y un borde de cejas más pequeño que los cráneos de H. habilis.

Los antropólogos finalmente concluyeron que era poco probable que la variación dentro de una sola especie -incluso teniendo en cuenta las posibles diferencias entre machos y hembras-, pudiera explicar estas diferencias físicas.

Homo antecesor

La cueva Gran Dolina en Atapuerca, España, es un sitio arqueológico gigante, con depósitos que se extienden por casi 20 metros y datan de hace más de medio millón de años. El más antiguo de estos depósitos es de hace unos 780.000 años e incluye los restos de un grupo de homínidos que se denominó Homo antecessor en 1997.

A menudo se describe a la especie como una que tiene una mezcla de rasgos modernos y “primitivos“: algunos rasgos son similares a los de los neandertales y los denisovanos, mientras que otros se parecen más al Homo sapiens. Un estudio reciente de proteínas antiguas extraídas del esmalte dental de uno de los fósiles de Atapuerca ha confirmado que el H. antecessor es un “linaje hermano” muy relacionado con los humanos modernos, los neandertales y los denisovanos.

Homo floresiensis

Los únicos fósiles conocidos proceden de la cueva Liang Bua en la isla de Flores, en Indonesia. Los antropólogos también se refieren con cariño a la especie como “hobbits” debido a su diminuto tamaño: habrían medido un poco más de 90cm. Los primeros restos de H. floresiensis se descubrieron en 2003.

Estos parientes humanos tenían cerebros pequeños, alrededor de 400 centímetros cúbicos, pero cazaban presas en la isla y sus herramientas eran muy similares a las realizadas por el Homo erectus, una especie con cerebros más grandes.

Una posible explicación de la pequeña estatura de los hobbits es un fenómeno conocido como enanismo insular. En entornos con recursos limitados, como una isla rodeada de océano abierto, las especies que normalmente tendrían un cuerpo y un cerebro más grandes tienden a evolucionar hacia una masa corporal y un cerebro más pequeños.

Homo luzonensis

Otra población de homínidos que se descubrió recientemente es el Homo luzonensis, que vivió en la isla de Luzón, en Filipinas, hace unos 50.000-60.000 años.

Esta especie está representada por solo 13 huesos: dientes, dedos de manos y pies y un fémur. Estos pertenecían al menos a tres individuos diferentes.

En 2019, los antropólogos determinaron que estos huesos son lo suficientemente diferentes de especies como el H. erectus y el H. floresiensis como para justificar una nueva categoría de especies. Los huesos de los dedos de las manos y los pies de H. luzonensis son interesantes. Están ligeramente curvados, una característica que comparten las especies vivientes de primates que habitan en los árboles. Esto sugiere que vivir en los árboles para los H. luzonensis podría haber sido parte de su estilo de vida.

Homo Longi

La especie de homínido que se ha propuesto más recientemente proviene de China, donde al cráneo de ceja gruesa apodado “Hombre Dragón” se le otorgó un nombre en junio.

El cráneo fue encontrado por primera vez en la década de 1930, pero fue hace poco que se puso a disposición de los científicos para que lo analizaran. Se dice que data de hace unos 146.000 años y los que lo analizan lo definen como un “linaje hermano perdido hace mucho tiempo” del H. sapiens. Las cuencas de los ojos del cráneo son grandes y con forma de bloque. Los molares también son grandes (mucho más grandes que los tuyos o los míos) y la cresta sobre los ojos es enorme.

Sin embargo, el tamaño del cerebro es comparable al de los humanos modernos. Este nuevo descubrimiento es otro recordatorio de la dificultad de asignar un solo espécimen a una nueva especie. De hecho, el “Hombre Dragón” puede ser un denisovano, hasta ahora no hay evidencia genética que ayude a determinar eso.

Hace unos 250.000 años el Homo sapiens  era una especie incipiente que se desarrollaba en África, mientras que el Homo erectus y el Homo heidelbergensis, considerados ancestros, ya habían viajado más allá de África para explorar partes de Eurasia, y especies emparentadas como la neandertal y denísova, habían sido trashumantes sin rumbo mucho antes que nosotros.

Mientras tanto, el Homo floresiensis, hallado en Indonesia, y Homo naledi, de Sudáfrica, son un recordatorio de que la historia de las migraciones humanas a lo largo y ancho del paisaje prehistórico está lejos de ser una cuestión sencilla.

Se debate cómo, cuándo y por qué las dos especies semejantes Homo y nuestro propio Homo sapiens se extendieron por todas partes.

La historia de las primeras migraciones humanas abarca un período de tiempo y un área tan inmensos, que no puede haber solo una explicación sobre el deambular de estos grupos de cazadores-recolectores aventureros.

El cambio de clima que les pudo haber obligado a procurarse tierras más acogedoras, la búsqueda de mejores fuentes de alimento, el evitar a vecinos hostiles o competidores, o que fueran gentes curiosas y temerarias con ganas de cambiar de escenario.

Recientemente, el campo de la genética ha sido noticia al analizar ADN antiguo, añadiendo información a los datos fósiles, climáticos y geológicos, así, con un poco de optimismo, podemos intentar construir una historia a partir de todas estas pistas.

Mapa de la migración del Homo Sapiens

Con todo, esta historia seguirá cambiando en los detalles, o hasta incluso necesite importantes revisiones, a medida que se descubran nuevos huesos, se hallen herramientas y se realicen más estudios de ADN con mayor precisión. Se ofrece una visión general basada en lo que sabemos hasta ahora, acompañada de un análisis de las posibles motivaciones que estos numerosos y diversos primeros humanos tuvieron para migrar de sus lugares de origen hacia los confines del mundo.

Los primeros aventureros transcontinentales

El homo floresiensis, hallado en liang bua, indonesia, puede ser descendiente de una temprana y aún desconocida migración proveniente de áfrica

Hace ya millones de años que los homínidos del Mioceno medio y tardío, entre los que se encontraban los ancestros de nuestra especie de Homo así como de los grandes simios, estaban presentes no solo en África, sino también en partes de Eurasia.

Nuestra rama se desarrolló en África: los australopitecos, nuestros supuestos ancestros, vivieron en las praderas del este y sur de África.  El Homo más antiguo que se ha encontrado fuera de África parece ser el Homo erectus, de hace unos 2 millones de años, lo que interpretado en un sentido más amplio, supone un listón difícil de superar, por la impresionante área geográfica que abarcó.

Por otra parte, debe mencionarse la especie Homo floresiensis, apodada «hobbit», de complicada clasificación, hallada en Liang Bua, Indonesia, que podría descender de una migración muy temprana (anterior o no muy posterior al Erectus) y hasta ahora desconocida procedente de África.

Aparecen indicios acerca de migraciones posiblemente anteriores al Homo erectus. En la actualidad, hay cinco o seis yacimientos de Eurasia que abarcan entre todos un periodo de entre 2,6 a 2 millones de años, con herramientas fabricadas por especies aún desconocidas.

Hallazgos recientes en Shangchen, en la meseta de Loess al sur de China, indican que la ocupación de homínidos se remonta a 2,1 millones de años.

Se sospecha que «hubo abundantes movimientos y dispersiones desde y de vuelta a África que comenzaron mucho antes de los últimos 2 millones de años y que se extendieron hasta los más recientes». La tesis principal adoptada hoy día de que los humanos erectus fueron los primeros trotamundos que se dispersaron desde África a través de Eurasia, no parece encajar con todas las pruebas que se están recogiendo en la actualidad.

Aún no se dispone de material suficiente para temer un relato más complejo, el Homo erectus debe seguir jugando un papel protagonista en la historia de las primeras migraciones humanas.

A partir de los últimos 1,9 millones de años, el Homo erectus aparece en el este de África, en yacimientos como como la garganta de Olduvai en la cuenca de Turkana, Kenya, y también en el sur y norte de África. Se piensa que partió de África hace entre 1,9 y 1,8 millones de años, que atravesó Oriente Medio y el Cáucaso y continuó hacia Indonesia y China, donde llegó hace alrededor de 1,7 y 1,6 millones de años. Pudo incluso haberse enfrentado al frío habitural del norte de China en un período con temperaturas algo más suaves, hace unos 800 000.

El Homo erectus estableció la tónica de las primeras migraciones humanas de largo alcance, y sus sucesores ampliarían aún más sus fronteras.

Se piensa que el Homo heidelbergensis se desarrolló a partir del Homo erectus en África, hace unos 700.000 o quizá incluso 780.000 años. Allí, distintos grupos se apoderaron de varios territorios del este, sur, y norte de África. También existieron migraciones dentro de África.

Un grupo de Homo heidelbergensis partió desde allí y se extendió por todo el oeste de Eurasia, cruzó las principales cordilleras de Europa y llegó hasta Inglaterra y Alemania.

Hablamos de la Europa de la Edad de Hielo, por lo que estos humanos habrían tenido que adaptarse a un clima a menudo cambiante, se enfrentaron bastante bien las condiciones más frías de Europa, y fueron capaces de sobrevivir en el borde meridional de la zona subártica, aunque como es natural, evitaron las capas de hielo.

Los hallazgos de Pakefield y de Happisburgh, en Inglaterra, muestran que los antiguos humanos de hace alrededor de 700.000 años fueron capaces de llegar tan al norte cuando el clima era más templado, y que probablemente regresaban a sus refugios del sur durante las etapas más frías.

La movilidad y adaptabilidad fueron necesarias para la especie en la que se cree que se convirtió la parte euroasiática del Heidelbergensis, los neandertales, cuyo territorio principal se cree que fue Europa.

Desde allí se marcharon hacia nuevos territorios y zonas climáticas, hasta que llegaron a estar en todas partes, desde España y el Mediterráneo, a través del norte de Europa y Rusia, Oriente Próximo, Israel, Siria, Turquía e Iraq, y tan al este como Siberia y Uzbekistán.

En este extremo oriental, su territorio se solapó ligeramente con el de otra especie que también pudo haber cubierto un área bastante amplia: la denísova. Hasta el presente, esta especie emparentada con la neandertal se conoce solo por el hueso de un dedo y tres dientes de cuatro individuos distintos, hallados en la cueva Denísova en las Montañas de Altai, en Siberia, pero el análisis genético sugiere que los denisovanos podrían haber vivido en un área que abarcó desde Siberia hasta el sureste de Asia. Un importante hallazgo realizado en esta cueva en 2012, ilustra de manera muy directa la profunda relación entre los neandertales y denisovanos: se desenterró el fragmento de un hueso largo que, según los estudios, perteneció a una mujer que tuvo una madre neandertal y un padre denisovano.

 

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