Frida Kahlo – Icono de mujer

Frida Kahlo nació en Coyoacán, en Ciudad de México, en el año 1907. Fue una pintora mexicana, que se movió en el ambiente de los grandes muralistas mexicanos de su tiempo y compartió sus ideales, pero creó una pintura muy personal, ingenua y profundamente metafórica, derivada de su exaltada sensibilidad y de varios acontecimientos que marcaron su vida.

A los seis años contrajo una poliomielitis que le dejó importantes secuelas, y en 1925 sufrió un grave accidente de tráfico que le fracturó la columna vertebral y la pelvis. Además de imposibilitarle tener hijos, el accidente fue la causa de numerosas operaciones futuras y de una salud siempre precaria.

Aprendió a pintar durante su larga convalecencia, que influyó en el complejo mundo psicológico que se refleja en sus obras.

A través de la pintura, que empezó a practicar en los largos meses de inmovilidad tras el accidente, Frida reflejaría de forma soberbia la colisión entre su ansia de felicidad y la insistente amenaza de su destrucción, a la vez que conjuraba la dualidad irreductible entre los sueños, de amor y de hijos y la realidad dolor e impotencia.

La producción de la artista mexicana es un ejemplo del arte que sirve como instrumento para exorcizar la angustia de una realidad hostil.

Durante la convalecencia del accidente, sin poder ni siquiera incorporarse, comenzó a pintar tomándose ella misma como modelo principal. Le colocaron un espejo bajo el baldaquino de su cama y un carpintero le fabricó una especie de caballete que le permitía pintar estando acostada.

Éste fue el inicio de una larga serie de autorretratos, el grueso de su producción. En una ocasión afirmó: “Me retrato a mí misma porque paso mucho tiempo sola y porque soy el motivo que mejor conozco.

Durante la convalecencia del accidente, sin poder ni siquiera incorporarse, comenzó a pintar tomándose ella misma como modelo principal. Le colocaron un espejo bajo el baldaquino de su cama y un carpintero le fabricó una especie de caballete que le permitía pintar estando acostada.

Influida por unas ideas de identidad que propagaba el nacionalismo revolucionario, Frida vestía con largas faldas mexicanas, moños trenzados con cintas de colores y collares y pendientes precolombinos.

En 1929 contrajo matrimonio con el muralista Diego Rivera. Tres años después sufrió un aborto que la afectó profundamente a su delicada sensibilidad y le inspiró dos de sus obras más valoradas: Henry Ford Hospital y Frida y el aborto.

Nunca se sintió cerca del surrealismo, y al final de sus días rechazó abiertamente que su creación artística fuera encuadrada en esa tendencia. La apariencia onírica de sus imágenes propiciaba la relación de su simbología con el surrealismo, algo que Frida Kahlo negaría rotundamente: “No es correcto, yo nunca he pintado sueños, lo que yo he representado era mi realidad”.

En su búsqueda de las raíces de México, rasgo que compartió con Diego Rivera y los muralistas, David Alfaro SiqueirosJosé Clemente Orozco, Frida Kahlo realizó espléndidos retratos de niños y obras inspiradas en la iconografía mexicana anterior a la conquista, pero son las telas que se centran en ella misma y en su azarosa vida las que la han convertido en una figura destacada de la pintura mexicana del siglo XX.

Las dos Fridas

La historia de Frida Kahlo y Diego Rivera tiene su origen en la secundaria a la que la pintora iba, mientras Rivera hacía el mural del anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria. Los artistas se conocieron oficialmente a través de un personaje que Frida había conocido siendo parte del partido comunista mexicano, en una fiesta organizada en 1928. Frida visitaba frecuentemente a Diego Rivera, mientras él trabajaba en los murales del edificio de la Secretaría de Educación Pública.

Kahlo se reunía con Diego para que él juzgara su arte, y recibir consultoría de si ella podría perseguir una carrera como pintora. Diego catalogó el arte de Frida como una muestra inusual de energía expresiva, el trabajo de una artista innata.

Después de padecer enfermedades y pasar por numerosas cirugías, sus últimos años se los dedicó a causas políticas, como a la lucha por la paz y a recolectar firmas a favor del desarme nuclear.

En 1954, le amputaron la pierna y sufrió una nueva infidelidad de Diego. La pintora, para entonces dibujaba esqueletos y ángeles en su diario, objeto con el que anticipaba su muerte. 

Fue una influyente mujer que transformó su vida a través del arte, piezas que describen cada una de las etapas de su vida y que son el reflejo de cómo era el mundo en la época en que vivía.

Fue parte de los acontecimientos sociales y del arte más relevantes de la historia, convirtiéndose en parte de ella. Su identidad individual y actitud despreocupada contribuyó relevantemente a la representación de la mujer en un entorno dominado por el hombre para la época, valiéndose de su arte como medio para el cambio y la opinión.

Frida Kahlo murió con 47 años a causa de un embolismo pulmonar. La artista dejó un legado de alrededor de 42 obras. Sus cenizas se encuentran exhibidas en su lugar de nacimiento, la Casa Azul.

La producción de la artista mexicana es un ejemplo del arte que sirve como instrumento para exorcizar la angustia de una realidad hostil.

Autorretrato con monos (1943)

La fusión entre la temática personal y las formas de la imaginería popular se encuentra expresada de forma emblemática en la obra Henry Ford Hospital. Frida esperaba que su segundo embarazo fuera un éxito, pero su pelvis fracturada no podía acoger el desarrollo de un niño. La traumática experiencia de un nuevo aborto fue el origen del cuadro.

El corazón (1937)

Su corazón, yace a sus pies y posee un tamaño desmesurado que refleja la intensidad de su dolor. Junto a ella, un vestido femenino, que alude a su hermana, pende de un hilo, a la vez que de sus mangas sale un único brazo que enlaza y un palo atraviesa el hueco que ha dejado su propio corazón.

Tras superar algunas graves crisis de salud, Frida mostró su agradecimiento a los médicos mediante pinturas.

Pero no sólo la enfermedad fue causa de sus trastornos y metáfora de sus pinturas; los reveses de su vida afectiva también fueron tematizados en cuadros que constituyen depuradas síntesis simbólicas. En El corazón, 1937, expresa su impotencia y desesperación ante el enredo amoroso entre Diego Rivera y su hermana Cristina.


Su corazón, yace a sus pies y posee un tamaño desmesurado que refleja la intensidad de su dolor. Junto a ella, un vestido femenino, que alude a su hermana, pende de un hilo, a la vez que de sus mangas sale un único brazo que enlaza y un palo atraviesa el hueco que ha dejado su propio corazón.

Frente a las representaciones oníricas o al automatismo psíquico de los surrealistas, los numerosos símbolos que Frida Kahlo introduce en sus cuadros poseen significaciones precisas y son producto de la actividad consciente.

Su obra se origina y procede de una continua indagación sobre sí misma, y manifiesta los estados de ánimo de forma precisa, materializando las oscilaciones entre el sufrimiento y la esperanza. El carácter simbólico de su pintura da cauce a la expresión de una personalidad apasionada para la que el arte es desafío y combate, lucha violenta contra la enfermedad, pero también repliegue hacia su yo y huella del reconocimiento doloroso de su identidad maltrecha.

Hizo de la creación, su filosofía, en la que usaba el arte como un mecanismo de catarsis para una vida llena de eventos fluctuantes. Frida fue una voz e imagen en el arte y en la sociedad, dedicada a la representación de la mujer en la modernidad y teniendo como objetivo elevar la identidad mexicana.

Durante sus viajes por México, la artista mexicana redescubrió su propia identidad, lo que la llevó a encontrar una nueva definición para su arte. Consiguió la inspiración en el folklore mexicano y en los elementos de la naturaleza que hoy son visibles en su arte, Como una oda a su cultura y sus raíces mestizas, Frida adoptó en este periodo la vestimenta que la identificó hasta sus últimos días, el traje de tehuana, visible en muchas de sus obras y lo que la hizo el símbolo del exotismo de la época.

Siendo una figura que resaltaba entre las mujeres de su tiempo, Frida cambió paradigmas en la sociedad oponiéndose a los estándares de la modernidad, mientras que con su vestimenta cambió su manera de vida y a través de su arte cambió la forma en que el mundo y México se entenderían.

Durante su vida y carrera artística, Frida rescató las raíces del arte popular mexicano. Plasmaba en sus obras la influencia de la naturaleza y de los artificios de México, Frida realzó la cultura popular nacional. Su obra es una muestra de la evolución del arte en su país, por los rasgos autobiográficos de sus pinturas, expresados a través del realismo mágico y la fantasía.

Unos cuantos piquetitos (1935), es la traducción del sufrimiento emocional de Frida por las infidelidades de Diego Rivera con su hermana Cristina, representado a través de los infortunios de otra mujer que había sido asesinada por su esposo a puñaladas. El título de la obra viene de la declaración policial de un asesino, la cual Frida había leído en el periódico, en donde el hombre decía que solo le había dado ‘unos cuantos piquetitos’. 

Las dos Fridas (1939) es una pintura que muestra la separación entre dos personalidades. Los corazones de ambas representaciones de Frida que visten una en un vestido de encaje, y otra en una tradicional tehuana, están conectados entre sí, donde uno de los personajes ha cortado las arterias con una tijera, mientras que la otra sostiene un pequeño retrato de Diego Rivera.

La pintura fue adquirida directamente de la artista por el Instituto Mexicano de Bellas Artes en 1947, y es hoy parte de la colección del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

‘Nunca pinto sueños o pesadillas. Pinto mi propia realidad’, Frida Kahlo.Bettmann

Canalizó una ruptura y su soledad en Autorretrato con collar de espinas y un colibrí (1940), una de las obras más famosas de la artista en donde se muestra estrangulada por un collar de espinas, mientras que el cadáver de un colibrí, símbolo de la suerte en el amor según la tradición mexicana o símbolo de Huitzilopochtli, el dios de la guerra, es acechado por un gato negro y un mono que asemeja al regalado a Frida por Diego.

La pieza Autorretrato como tehuana o más comúnmente Diego en mi pensamiento (1943), es una pintura que hace referencia a la adoración de la pintora por Diego Rivera. Vestida con el traje tradicional tehuano de la cultura zapoteca, uno de los favoritos de Diego, Frida se muestra con un retrato de su amado hecho en la frente como alusión a su obsesión con esta relación, representando que el hombre está siempre en sus pensamientos.

Una obra muy reconocidas es La columna rota. La pintura es una representación del dolor derivado de su accidente a los 18 años, que la acompañó a lo largo de su vida. Esta pieza fue hecha tras una intervención de columna que atravesó la artista, la cual la dejó confinada a un corsé. En la obra se muestra en medio de un paisaje desértico sostenida por la estructura de metal, mientras que una columna atraviesa su cuerpo y reemplaza la suya. Frida está cubierta con clavos, símbolos del dolor, mientras su rostro sereno llora.

La columna rota, de Frida Kahlo, expuesta en Moscú. 

La obra de Frida Kahlo comenzó basándose en el retrato de personas cercanas a su vida, los que habían ayudado luego a suponer la identidad de otros personajes desconocidos en las pinturas de Kahlo.

Sus primeras piezas se comparan con el arte clásico europeo, también siendo comparado muchas veces con la técnica del Renacimiento, usada por pintores como Botticelli y Bronzino. Las obras de Kahlo navegan entre las descripciones de los movimientos avant-garde, la nueva objetividad y el cubismo.

Un periodo de su vida dio un giro al estilo de su pintura, acercando su inspiración y su estilo hacia el folklore mexicano.

La producción de la artista mexicana es un ejemplo del arte que sirve como instrumento para exorcizar la angustia de una realidad hostil.

La fusión entre la temática personal y las formas de la imaginería popular se encuentra expresada de forma emblemática en la obra Henry Ford Hospital. Frida esperaba que su segundo embarazo fuera un exito, pero su pelvis fracturada no podía acoger el desarrollo de un niño. La traumática experiencia de un nuevo aborto fue el origen del cuadro.

La apariencia onírica de sus imágenes propiciaba la relación de su simbología con el surrealismo, algo que Frida Kahlo negaría rotundamente: “No es correcto, yo nunca he pintado sueños, lo que yo he representado era mi realidad”.

Su obra se origina y procede de una continua indagación sobre sí misma, y manifiesta los estados de ánimo de forma precisa, materializando las oscilaciones entre el sufrimiento y la esperanza. El carácter simbólico de su pintura da cauce a la expresión de una personalidad apasionada para la que el arte es desafío y combate, lucha violenta contra la enfermedad, pero también repliegue hacia su yo y huella del reconocimiento doloroso de su identidad maltrecha.

Hizo de la creación su filosofía, en la que usaba el arte como un mecanismo de catarsis para una vida llena de eventos fluctuantes. Explorando el contexto de su tiempo con una visión que pareció siempre adelantada, Frida fue una voz e imagen en el arte y la sociedad, dedicada a la representación de la mujer en la modernidad y teniendo como objetivo elevar la identidad mexicana.

Su acercamiento a la pintura fue innato, aunque no era ajena a las artes gracias a su padre, Frida abandonó el deseo de ser médico, y desarrolló su habilidad en la pintura pasando sus días en la Casa Azul. Ahí se recuperaba del accidente que marcaría su vida y obra. El autorretrato fue la manera en que la joven artista comenzó a cuestionar su existencia e identidad, la forma en la que veía al mundo desde el aislamiento y que luego se convertiría en el pilar de su trabajo pictórico.

Durante sus viajes por México, la artista mexicana redescubrió su propia identidad, lo que la llevó a encontrar una nueva definición para su arte. Arraigándose a sus orígenes consiguió la inspiración en el folklore mexicano y en los elementos de la naturaleza que hoy son visibles en su arte; esta etapa también influenció la manera en que la artista se presentaría desde entonces. Como una oda a su cultura y sus raíces mestizas, Frida adoptó en este periodo la vestimenta que la identificó hasta sus últimos días, el traje de tehuana, visible en muchas de sus obras y lo que la hizo el símbolo del exotismo de la época.

Siendo una figura que resaltaba entre las mujeres de su tiempo, Frida cambió paradigmas en la sociedad oponiéndose a los estándares de la modernidad, mientras que con su vestimenta cambió su manera de vida y a través de su arte cambió la forma en que el mundo y México se entenderían.

Durante su vida y carrera artística, rescató las raíces del arte popular mexicano, a través de su arte, su vestimenta e ideologías. Como una reconocida retratista, quien plasmaba en sus obras la influencia de la naturaleza y de los artificios de México, Frida realzó la cultura popular nacional. La obra de Frida Kahlo es una muestra de la evolución del arte en su país, por los rasgos autobiográficos de sus pinturas, expresados a través del realismo mágico y la fantasía.

En la búsqueda de inmortalizar los momentos más importantes de su vida, Frida Kahlo hizo Mi nacimiento (1932), una obra que muestra a la madre de Frida con el rostro tapado, haciendo alusión a su muerte, mientras que el rostro de la artista muestra su cabeza entre las piernas entre un charco de sangre, haciendo referencia con esto a su anterior obra y su aborto.

Canalizó una ruptura y su soledad en Autorretrato con collar de espinas y un colibrí (1940), una de las obras más famosas de la artista en donde se muestra estrangulada por un collar de espinas, mientras que el cadáver de un colibrí, símbolo de la suerte en el amor según la tradición mexicana o símbolo de Huitzilopochtli, el dios de la guerra, es acechado por un gato negro y un mono que asemeja al regalado a Frida por Diego. La obra es parte de la colección del Harry Ransom Center en Austin, Texas

Después de vivir padeciendo de enfermedades y pasando por cirugías, sus últimos años de vida, los dedicó a causas políticas, como a la lucha por la paz y la recolección de firmas a favor del desarme nuclear.

Frida Kahlo murió con 47 años la mañana del 13 de julio de 1954 a causa de un embolismo pulmonar. La artista dejó un legado de alrededor de 42 obras de las que se tiene conocimiento, sus cenizas se encuentran exhibidas en su lugar de nacimiento, la Casa Azul.

Fue una influyente mujer que transformó su vida a través del arte, cuyos cuadros describen cada una de las etapas de su vida y que son el reflejo de cómo era el mundo en su época. Presenció y fue parte de los acontecimientos sociales y del arte más relevantes de la historia, convirtiéndose en parte de ella. Su identidad individual y actitud despreocupada contribuyó a la representación de la mujer en un entorno dominado por el hombre para la época, valiéndose de su arte como medio para el cambio y la opinión.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *